Estado de ¿excepción?

El patriarcado dicta: toda mujer sin excepción debe trabajar en los cuidados.

El monotema de las últimas semanas es el covid-19; sintomatología, protocolos de prevención, pandemia, teletrabajo, cierre de toda actividad normal de la ciudadanía, reclusión domiciliaria, etc. La última intervención del presidente del gobierno apela de nuevo a la responsabilidad civil.

Como profesora he escuchado de todo, del alumnado, las familias y los propios docentes. Sí, se apela a la responsabilidad. Sí, se apela a los cuidados de las personas más vulnerables. Sí, se habla de una buena gestión de la vida cotidiana intrafamiliar, de mantener la calma, etc. pero por desgracia el estado de excepción no se aplica a la situación histórica de las mujeres. ¿Quién es el sujeto en el que recae toda esta responsabilidad civil? Nosotras, como siempre.

En el IES donde trabajo estamos a la espera de saber si hay afectados por el coronavirus. Yo volví de un viaje de estudios a Berlín hace 15 días, de momento nadie presenta síntomas. Las familias entonces contentas, ahora critican la decisión de la directora. ¡Cómo no pensó en el alumnado, en su propio hijo! También tenemos unos cuantos chicos que fueron a jugar un partido de fútbol a Málaga donde había casos positivos. Esos chicos han estado haciendo vida normal hasta que han presentado síntomas o han conocido que estuvieron en contacto directo con gente que dio positivo. ¡Qué malas madres que no pensaron en sus hijos, en el alumnado del centro!

Joder, qué harta estoy de escuchar a la gente criticar a las madres. En los casos de las familias heternormativas, que son las más numerosas, ¿qué coño le corresponde hacer al padre?

Padre indeciso que se aleja, no vaya a ser que colapse por responsabilidad.

En mi centro hay un señoro con el que yo me intento mantener neutral, no tengo ganas de estar en un campo de batalla diariamente, que tacha de “castradora hija de puta” a la directora (no la puede ni ver) y a su marido de “pelele” porque se queda en casa, cuida de sus hijos, etc. A veces me habla del cuidado de les hijes, de su hija, como algo que naturalmente saben hacer mejor las madres. Pero claro, las cosas que naturalmente saben hacer mejor las madres consisten en todos esos cuidados y responsabilidades que nadie quiere hacer para los demás; limpiar culos, preparar comidas, mantener la casa en orden, echar broncas, ayudar a hacer los deberes, dar cariño, consolar, etc. Él juega con ella, le lee un cuento o ve una peli antes de que su mujer la duche y la acueste.

Cuando supimos que cerraban los centros educativos me contó en qué iba a aprovechar las vacaciones; estar en casa, salir a pasear solo, descansar, leer, dormir, etc. Todos los cuidados y responsabilidades dirigidos hacia su persona y nadie más. Y escucho a mis alumnas, chicas, ofrecer ayuda a los compañeros afectados, y escucho a compañeras de trabajo, mujeres, cómo se van a organizar para cuidar a sus mayores, a sus hijes y hacer las cosas de la casa además de trabajar, claro, porque a pesar del ridículo de Page, los docentes seguimos trabajando de forma telemática.

El estado de alarma implica más responsabilidad para las de siempre, las de los cuidados, del bienestar de los otros, de la transmisión de calma en momentos de pánico. Y no puedo dejar de pensar en mí y en mi madre. Ella estaría ahora mismo ocupándose de todo eso, y nadie se lo agradecería porque todos creeríamos que por ser la madre le correspondería a ella. Y lo haría como lo hacen miles de madres de su generación, y de generaciones anteriores, y también posteriores. Lo haría con gusto y resignación, porque cuidar a los otros en estos tiempos sigue significando amor y, al mismo tiempo, alienación.

Llego a casa y mi madre ya no está. Sólo quedan mi padre y mi hermano. Yo hace algo de tiempo me negué a asumir el rol de mi madre, con dificultad, pero ahí ando. Y para mi sorpresa ellos se empiezan a ocupar de cuidar, hacen la compra, cocinan, limpian… Y pienso, ¿es necesario que la madre muera para que la responsabilidad de los cuidados sea de todes? Pienso en mis amigues y sé que la respuesta es NO.

Cristina Abellán Gómez

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