Errar sin Extraviarse: Poéticas de la Hospitalidad en Edmond Jabès

«Abandoné una tierra que no era la mía, por otra que tampoco lo es»[1]JABÈS, Edmond. 1987. Un étranger avec, sous le bras, un livre de petit format. Paris : Gallimard, p. . Edmond Jabès (El Cairo, 1912–París, 1991) nos habla de ir al encuentro con el Otro, desde ese movimiento temporal que es la memoria, y ampararlo en un acto de hospitalidad. Desde un recuerdo (Andenken) que nos aleja del olvido, y una hospitalidad que agradece (Danken) tras ser pensada (Denken).

Si la hospitalidad -tal como indica Jabès- es una alianza silenciosa, que además aligera[2]JABÈS, Edmond. 2014. El Libro de la Hospitalidad. Trad. Sarah Martín. Madrid: Trotta, p. 33 , suponemos que agradecer estará dentro de esas leyes éticas de la propia acogida. Pero hablar de ética y hospitalidad –nos ha recordado Derrida- es una tautología en sí misma, pues la hospitalidad es la cultura misma[3]DERRIDA, Jacques. 1997. Cosmopolites de tous les pays, encore un effort!. Paris : Galilée, pp.41-42. Atañe pues, el acto hospitalario, a la morada, a la casa del hombre.

El lugar del judío, del Jabès errante, es una palabra, una voz. Así pues, también un texto que suscita un comentario infinito, una reinterpretación continua durante siglos. La tierra está legitimada sólo por la palabra que forzó la entrada allí y que exige inscribirse en ella. «A aquello que se te escapa, perteneces de hecho»[4]JABÈS, 2014, Op. Cit., p. 28. El errar es doblemente en la casa-palabra de Jabès por su vocación de judío y la de escritor: ambas exigen que escriba contra la pertenencia y la respuesta, contra la morada y la parada. Su escritura es la de la separación y el exilio, de la búsqueda de un absoluto que siempre se oculta.

Aquí, la errancia, la inevitable mezcla de la verdad con el error y el ocultamiento, tan propia de la condición humana, es la forma dinámica con la que la existencia inauténtica se desplaza sin fin. La errancia es, o debe ser, entendida como el extravío de la humanidad durante la época moderna, que, olvidando el ser, confía su existencia y su mundo a la técnica.

¿Errar, entonces, sin extraviarse? Nos dice Heidegger, en un verso suyo, «Wer groß denkt, muß groß irren»[5] HEIDEGGER, Martin. 1983. «Aus der Erfahrung des Denkens», en Aus der Erfahrung des Denkens 1910-1976 (GA 13). Frankfurt : Vittorio Klostermann, p. 81 , es decir, «quien piensa a lo grande, debe errar a lo grande». Y en él, lo mismo el filósofo alemán que Edmond Jabès, en su libro, nos muestran la relación íntima entre la idea y la errancia. Hay un pensar que es puesto en movimiento, hacia una búsqueda que acepta el exilio en la medida en que éste se configura, enigmáticamente, como un refugio.

Jabès se hace, al inicio del libro, tres preguntas, que en el fondo son una: ¿dónde, cuándo, por qué?[6]JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 23 Estamos ante una poética que se niega al arraigamiento. El principio que rige su obra –y por tanto, también el libro que nos ocupa- es la experiencia del no-lugar, de la creatividad necesaria a partir del vacío. El lenguaje (el habla) en tanto que casa del Ser[7]HEIDEGGER, Martin. 1976. «Brief über den Humanismus», en Wegmarken (GA 9). Frankfurt: Vittorio Klostermann, p. 313 -y con él, la palabra- caminan unidos al exilio.

La palabra-isla, rodeada de las palabras-otras, o lo que es lo mismo, de aquello inasible que se vacía de contenido para alcanzar la absoluta libertad de significado. Estamos ante un molde, una matriz de la que se deriva la existencia de la poesía. Una vez que se comprende el exilio como el vaciamiento de significados, la búsqueda poética se trasciende a sí y es ella, exilio. Más que en ningún caso, el poeta exiliado es el que debe crear un lenguaje de la nada.

Para Jabès, sólo el extranjero que está de camino, en la rotura (doble, si pensamos por un lado en la Shoah, que fue una tentativa para erradicar lo humano del hombre, antes que sólo liquidarlo físicamente; por otro el del exilio forzoso que le arrancó de Egipto, de los pasos que forjaban su historia al lado de los suyos), puede decir-se Je (Yo). Lo que está delante de él lo reenvía su imagen; lo que está detrás, a su rostro perdido: «olvida quién eres, porque, a ese olvido inicial, deberás el hecho de ser mi huésped»[8]JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 62. Nos hemos perdido, pero llegamos a otra morada, a una morada donde aceptar el acoger-allí, nos es dicho.

En El Libro de la Hospitalidad, los poemas, las palabras, respiran calma y, secundados por una puntuación fluida y regular, buscan una armonía pura. El poeta, que yerra en un mundo de dudas, nos los presenta como la esencia para la constitución de una identidad que a él le resulta tan cara. Al final, por lógica, preguntarse por la hospitalidad es preguntarse por el Ser mismo, en esencia. El filósofo Julio García Caparrós nos indica que «la pregunta por lo que somos es también la pregunta por aquello a lo que dejamos paso, por el otro al que acogemos, por la hospitalidad de las lenguas»[9]GARCÍA CAPARRÓS, Julio. 1999. «Las Leyes de la Hospitalidad», en Thémata 23, p. 369. La lengua y la palabra, el habla. Todo hecho terreno firme, sobre el espacio construido a base de la realidad de la palabra que se multiplica en el libro.

Para Edmond Jabés el exilio enlaza con la teoría cabalista de la Shejiná o morada de Dios[10]Vid. DEL NEVO, Matthew. 1995. «Reading Edmond Jabès», en Literature and Theology 9, pp. 399-422. Si Dios mismo puede exiliarse de sí para acompañar, como una sombra que ampara, al pueblo condenado al destierro, entonces parece más claro que el concepto de vacío se convierte en pleno. Abandonar el ser es reclamar el ser, es reconocerlo y afianzarlo. El ser que viene, lo que está por llegar. Debemos consagrar entonces, a la palabra, esa esencia que piensa sobre eso que viene. También yerra.

Por otra parte, una cierta forma de fuga de sí mismo, pero también de pérdida, se halla inscrita en la errancia. Su experiencia del errar (que supone que uno mismo no exista realmente como entidad distinta del resto del mundo) es compartida por un «yo» poético movedizo, que parece escapar del lector sin cesar, y se niega a dejarse unificar. Podemos así hacer un extracto rápido de las diversas caras del poeta que son desarrolladas en El Libro de la Hospitalidad.

Los más frecuentes son cuatro tipos: la del «sabio», o todavía la de un «Yo» preso de pensamientos mórbidos o singularmente deprimentes y que le incitan a la escritura; el de un «Yo» implicado en los problemas de su tiempo (la intrusión de un artículo de prensa en la selección[11]JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 41 subrayaría, obviamente, esta implicación) pero también la de un «Yo» que tiene una vida, un pasado[12]JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 71, un futuro, o un «Él» que él mismo encarna[13]JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 47.

Todas esas caras o voces se alternan, se corresponden, sin orden ni continuación lógica, y sirven para la construcción de figuras poéticas cuyas voces son múltiples y se completan: uso de forma dialógica, citas entrecomilladas… El extranjero no puede ser asimilado o ingerido por una sola figura poética, y que parezca entonces tener que hacerse, fuera de lo común.

El rostro que se hace voz escapa pues sin cesar del lector. Se le supone una unidad de discurso, de sensaciones, pero esta unidad jamás es apoyada ni tan siquiera por las declaraciones del poeta. Hasta es, a menudo, negada: la distinción, para Jabès, entre el «sabio» y el «yo» es bastante reveladora. Así, la figura poética parece errar en un no-ser que figura una de las preocupaciones mayores de la antología: el del extranjero al que tanto le cuesta definirse a sí mismo, del emigrado en constante movimiento que no sabe a qué aferrarse, como no sea a la errancia que progresivamente lo constituye.

Heidegger ya nos advirtió de que «la errancia en la que se mueve el hombre no es como un barranco extendido a lo largo de su camino y en el que cae de cuando en cuando, sino que es propia de la constitución íntima del Dasein»[14]HEIDEGGER, Martin. 1976. “Vom Wesen der Wahrheit”, en Wegmarken (GA 9). Frankfurt: Vittorio Klostermann, p. 196. De ahí que la palabra del escritor sea el reflejo de su vacío, de su exilio. Así, ese vacío se une al de la sacralidad y moldea la palabra que habrá de escoger el escritor. Lo que se acentúa más aún cuando la lengua propia también comparte el exilio y es necesario utilizar la del país receptor, en el caso de Jabés, la lengua francesa: «la lengua es hospitalaria porque no tiene en cuenta nuestros orígenes»[15]JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 59.

La poética de Jabés va eligiendo silencios y vacíos para crear un nuevo lenguaje de lo no dicho y de lo borrado. Escribir será ese silencio audible, una suerte de poética del dolor que acude a palabras golpeadas y cortantes. El verdadero diálogo humano, el de las manos, el de las pupilas, es un diálogo silencioso.

Y sin embargo, nos han servido la hospitalidad toda hecha de palabras.

Título: El Libro de la Hospitalidad
  • Autor/es: Edmond Jabès
  • Editorial: Trotta
  • Nº de páginas: 104
  • Encuadernación: Rústica

9788498794991

Referencias   [ + ]

1. JABÈS, Edmond. 1987. Un étranger avec, sous le bras, un livre de petit format. Paris : Gallimard, p.
2. JABÈS, Edmond. 2014. El Libro de la Hospitalidad. Trad. Sarah Martín. Madrid: Trotta, p. 33
3. DERRIDA, Jacques. 1997. Cosmopolites de tous les pays, encore un effort!. Paris : Galilée, pp.41-42
4. JABÈS, 2014, Op. Cit., p. 28
5. HEIDEGGER, Martin. 1983. «Aus der Erfahrung des Denkens», en Aus der Erfahrung des Denkens 1910-1976 (GA 13). Frankfurt : Vittorio Klostermann, p. 81
6. JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 23
7. HEIDEGGER, Martin. 1976. «Brief über den Humanismus», en Wegmarken (GA 9). Frankfurt: Vittorio Klostermann, p. 313
8. JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 62
9. GARCÍA CAPARRÓS, Julio. 1999. «Las Leyes de la Hospitalidad», en Thémata 23, p. 369
10. Vid. DEL NEVO, Matthew. 1995. «Reading Edmond Jabès», en Literature and Theology 9, pp. 399-422
11. JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 41
12. JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 71
13. JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 47
14. HEIDEGGER, Martin. 1976. “Vom Wesen der Wahrheit”, en Wegmarken (GA 9). Frankfurt: Vittorio Klostermann, p. 196
15. JABÈS, 2014. Op. Cit., p. 59
Daniel Arana

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