Epidermia, de Sara R. Gallardo

Epidermia es el poemario de presentación de Sara R. Gallardo (Ponferrada, tierra de poetas, 1989), publicado en 2011 por El Gaviero Ediciones en el número 13 de la Colección Troquel, encuadernado en anillas, con cubierta y contracubierta acartonada, ilustración en color de un torso femenino y prólogo de José Luis Piquero.

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Sara compagina su formación periodística con la escritura creativa, en su blog Retales de tormenta y su nombre sigue sonando en los últimos meses, como en el reciente reportaje de Rebeca Yanke para El Mundo en el que la destaca como una de las voces principales de, dejémoslo así, la joven poesía española. Esperemos pronto tener en las manos su segundo poemario y comprobar la madurez de algunas de las cuestiones que se apuntan ya en su poemario de presentación.

Epidermia está dividido en tres grandes apartados, Cuadernos de rastrojos, Historial y Cartas mitológicas, que vertebran los más de cincuenta poemas del libro, que conforman un conjunto heterogéneo en el que se alterna el verso corto y la prosa poética, ese versolibrismo de ritmos fragmentados, tan siglo XXI, el hermetismo y la visceralidad de la desnudez, la angustia de la soledad y la rabia del desamor.

Nos pasa la primera vez, que queremos contarlo todo, como en la primera cita. Caer bien, sacar todas las cartas en la mesa y apostar al rojo. Epidermia se mueve entre los ciento cuarenta caracteres de twitter y la parrafada de un email a destiempo, y su extensión, poco habitual para un libro de poemas, provoca la aparición de estéticas diversas y estructuras muchas veces encontradas, que hablan de una poeta que maneja los tiempos, que está formándose en las herramientas y que cede ante la visceralidad sentimental de unos retales de tormenta en busca de una voz, que como indica José Luis Piquero, habla de la soledad.

En poesía, lo que sobra entorpece la lectura. La concisión significativa ha sido tiempo el motor del género, perdido ahora a veces en la verborrea del versolibrismo y la pluralidad de estéticas, que probablemente sea también una de las definiciones de la poética de Sara R. Gallardo en este primer poemario, la poética de la fragmentación.

Sí se apuntan, como decía, algunas cuestiones que este reseñador de provincias cree destacables. En el apartado formal, con las reservas de quien se ha formado con los poetas polvorientos, Epidermia se inserta claramente en la burbuja de identidad de una parte de la joven poesía española que a base de reiteraciones está convirtiendo los recursos en una marca generacional. La fragmentación es evidente, la estética del videoclip adaptada en la ruptura sintáctica de poemas como “Carta blanca”, con frases inconclusas que connotan los posibles significados “Estoy haciendo una hoguera con los libros que dejaste en. (…) tienes un ojo más grande que.” (p. 78). La cuña tipográfica que empieza todas las oraciones sin mayúsculas después de punto, los bailes tipográficos de versos, la asimilación de las redes sociales, nuestro día a día, y la aparición de apariencias formales, no sólo temáticas, propias de Twitter, Facebook o Gmail, se ajustan a un verso libre que los narradores consideran microrrelatos y cuya diferencia, sinceramente, ignoro.

En el aspecto temático, quizá por edad y por afinidades selectivas, el poemario confluye con nuestra actitud generacional y con las predilecciones de quien escribe (no sé si han dado cuenta ya, pero en esta sección hablo de mí en los libros de los demás, tal vez para entenderme y entenderlos mejor). Prefiero a la Sara R. Gallardo que roza la desnudez y extirpa a cañonazos los fantasmas que a la hermética que juega con la modernidad. La que reconstruye una noche de un treintañero que podría ser yo mismo, la que recuerda a Ariadna perdida en la infancia y pasa de la concreción de Willy Fog en la 2 a la oblicuidad del mito, la que no habla de poesía y se siente extranjera y mira un filme titulado Nostalgia aunque no entienda el final surrealista, la que adapta Spotify y nuestras tecnologías del día a día y postea la ausencia sabiendo que está creando más ausencia. Prefiero la Sara R. Gallardo de “Cookies”: (Me he acostado en la cama con hombres / a los que, luego, no he reconocido. / He encontrado en sus ojos violentos / huestes de psicólogos enigmáticos. / Vástagos unos de otros, engredradores de epigramas”) a la del extenso poema final, en el que cuenta la historia de desamor que parece generar el deseo de la escritura.

De todas formas yo también voy entendiendo que a lo mejor una ruptura, cuando estábamos locos y teníamos veinte años y el amor era la bandera del futuro, no podría caber nunca en un endecasílabo.

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Victor M. Sanchis

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