Entrevista con el vampiro: el precio de la inmortalidad

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Via www.screenrant.com
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Tendré que vivir hasta el fin del mundo y ni tan siquiera sé quién soy.

Así resume Louis, el protagonista de la primera entrega de la trilogía de Anne Rice, Entrevista con el vampiro (1976), el problema de la inmortalidad.

Para poder acallar su remordimiento a sus más de 200 años, Louis se entrevista con un periodista para explicar la historia de su no-vida. A consecuencia de la pérdida de su hermano, Louis, que en aquellos tiempos era un propietario de una plantación de Nueva Orleans, entra en un estado de desolación. Así, conoce, o mejor dicho, es conocido por el vampiro Lestat quien le muerde y le convierte en vampiro. Durante los primeros años, Louis debe aprender de Lestat a desenvolverse en el mundo como un no-muerto. Sin embargo, él es muy diferente de su maestro y los conflictos se suceden unos tras otros. Con la finalidad de retenerlo, Lestat crea a Claudia, una niña vampira, por la que Louis siente un amor profundo. Pero la relación de Claudia y Lestat es complicada, y finalmente ésta intenta matarlo.

Creyéndolo muerto, Claudia y Louis se embarcan hacia Europa para poder conocer a otros vampiros y, sobre todo, para poder entender su naturaleza. En París, Louis y Claudia se encuentran con un grupo de vampiros que habitan en un teatro y allí conocen a Armand. Entre Armand y Louis se produce de inmediato un vínculo de pasión. Y mientras que el destino de Claudia es el más terrible que puede haber para un vampiro, no mejor suerte corre Louis, para quien la desidia acaba siendo su modo de no-vida. Armand y Louis viajan durante años por todo el mundo, hasta que al final vuelven a Nueva Orleans donde Louis irá a ver a un Lestat derrotado.

El vampiro de Anne Rice

Si tuviéramos que datar la literatura de vampiros, no hay duda que El vampiro (1819) de John Polidori ocuparía el primer puesto. En ella, Lord Ruthven encarna al vampiro aristócrata, encantador y perverso a la vez. Así pues, el vampiro literario parece alejarse del terrible ser del folklore europeo. Una década después, Ernst Hoffmann escribió Vampirismus (1828), relato donde el contenido erótico dominaba la novela, atributo que será una de las características del vampiro actual. Y así en la década posterior, en el año 1836, Theophile Gautier publicó La muerte enamorada, donde el vampiro es una mujer, Clarimonde; un claro precedente de Carmilla (1872) de Joseph Sheridan Le Fanu. Sin embargo, el vampiro más famoso es (y será) el Drácula (1897) de Bram Stoker. Además del magnetismo del personaje, lo que caracteriza el relato de Stoker es la originalidad de su estructura narrativa.

Por lo que respecta a Anne Rice, sus vampiros se insertan en la actualidad, sin por ello perder la monstruosidad y perversidad. Por supuesto, los vampiros de Rice, así lo afirma Louis al periodista, no mueren con una estaca en el corazón, ni se los aleja con crucifijos y ajos. Y es que, la gracia del vampiro, y por extensión de su literatura, es que se adaptan a su tiempo.

Pero, ¿qué es lo que atormenta a Louis? Al principio Louis se siente fascinado por su nueva naturaleza. Ese estado de no-muerte le otorga capacidades extraordinarias, como escuchar sonidos imperceptibles para el oído humano, o ver perfectamnte en la oscuridad. Así, Louis se deleita cada noche por esa nueva forma de ver y percibir el mundo. Sin embargo, Lestat parece estar completamente asqueado de esa fascinación, y es que lo que define a Lestat es precisamente su cinismo, mientras que a su discípulo le define la hipersensibilidad hacia lo bello. No sólo eso, sino que Louis se debate si además de estética, el vampiro debe tener ética; un debate que se mantiene a lo largo de la novela y que está exento en el film. Por ello, durante los primeros tiempos, Louis se alimenta de la sangre de animales.

El mal es un punto de vista –susurró Lestat–. Somos inmortales. Tenemos delante nuestro los festines exquisitos que no puede apreciar la consciencia y que los mortales no pueden conocer sin remordimiento. Dios mata, y nosotros también lo hacemos, indiscriminadamente.

A Louis le atormenta esa falta de ética, o mejor dicho, ese desajuste entre lo bello y lo bueno. De ahí que toda su historia sea una búsqueda incesante de dicha consonancia. Al principio, y tras ver que los vampiros de Europa del este son monstruos sin cerebro, Louis abandona por completo su esperanza; sin embargo, en París, y concretamente tras el conocimiento de Armand, la pregunta y el remordimiento volverán a él.

– No lo sé, si Dios existe –dije– Por lo que sé… no existe.
– Entonces no hay ningún pecado que tenga importancia –dijo–. No hay ningún pecado que nos haga malvados.
– Eso no es cierto, porque si Dios no existe, nosotros somos los seres con un grado de consciencia más elevado del universo. Somos los únicos que entendemos el paso del tiempo y el valor de cada minuto de la vida humana. Y lo que constituye el mal, el mal auténtico, es la eliminación de una sola vida humana.

Éste es, sin duda alguna, un punto de inflexión en la no-vida de Louis. En varias ocasiones, él confiesa al periodista querer conocer a Satanás y declararse hijo de él, pues esto le supondría un alivio. Pero, ¿qué es lo que realmente atormenta a Louis? ¿La existencia de Dios o de Satanás? ¿O lo que verdaderamente le angustia es saber que no hay nada de eso, y que tras sus actos sólo está su responsabilidad? Armand le responde, por lo que él sabe, Satanás no existe y Dios tampoco.

El precio de la inmortalidad

¿Cuántos vampiros crees que tienen suficiente fuerza para soportar la inmortalidad? —le pregunta Armand–.

Decía Heidegger que lo que caracteriza al ser humano es que es un ser dirigido a la muerte. Nuestro estado en el mundo es una relación continua con la certeza que moriremos. ¿Para qué y hacia qué podría vivir un vampiro? Todos sabemos que un vampiro es un ente que se sitúa en el espacio intermedio de la vida y la muerte, y que necesita de sangre humana (es decir, vida) para seguir existiendo. Para él no hay envejecimiento, ni enfermedades, ni muerte natural; para el vampiro lo que existe es una intemporalidad, una especie de eterno presente. Así pues, el vampiro posee la cualidad de la divinidad, pero necesita de la mortalidad para sobrevivir.

Via insanemoviefans.blogspot.com
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Precisamente es el cínico Lestat quien parece no soportar el precio de la inmortalidad. Hacia el final de la novela, cuando Louis visita a Lestat, éste tiembla con el simple sonido de una sirena. Louis se acerca y le calma diciéndole que eso es lo que realmente significa ser inmortal: que el mundo a tu alrededor cambia, pero tú no.

No sólo Lestat, para Armand esto parece ser también una pena. En una de sus conversaciones en el Teatro de los Vampiros de París, Armand le confiesa que le necesita para comprender el espíritu de esa época, puesto que él se encuentra completamente alejado de esa sociedad.

– Qué no lo ves? Yo no soy el espíritu de mi época. Tropiezo contra todo y sempre he tropezado. No he encajado en ningún lugar, ni con nadie, ni en ningún momento.
– Pero, Louis –dijo dulcemente– este es el auténtico espíritu de tu época. ¿Que no lo ves? Todo el mundo se siente como te sientes tú. Tu pérdida de gracia y de fe ha sido la de este siglo.

Y así, justamente gracias esta pérdida de fe y de convicciones, Louis, que se nos antoja al principio como un vampiro débil, sobrevive en la inmortalidad. Si como defendía Heidegger, todo preguntar es un buscar, que mejor para Louis que el formato de una entrevista para volver a buscar y así conocer quién es y cómo es.

Título: Entrevista con el vampiro
  • Autor/es: Anne Rice
  • Editorial: Ediciones B
  • Nº de páginas: 381
  • Encuadernación: Tapa blanda
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Marina Hoyos

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