El enigma tras los ojos de Mark Ryden

Ryden, Mark (2013). Queen Bee |Vía: Cac Málaga
Ryden, Mark (2013). Queen Bee |Vía: Cac Málaga

¿Qué tienen en común un montón de juguetes estrambóticos, Jesucristo, filetes de carne, el circo, Abraham Lincoln, Papá Noel, las abejas y los conejitos? La respuesta es Mark Ryden.

El estadounidense lleva desde el 16 de diciembre asombrando a propios y extraños con el éxito de su primera retrospectiva europea en el CAC (Centro de Arte Contemporáneo de Málaga). Y no es para menos. El ahora considerado buque insignia del denominado surrealismo pop, no siempre fue visto con buenos ojos por la alta cultura. Este rechazo es algo intrínseco a este movimiento surgido como ramificación del lowbrow, gestado al sol de la costa oeste californiana en los años 70, donde los supervivientes del espíritu del Haight-Ashbury de los 60, como Rick Griffin o Von Dutch, se esforzaban por encontrar un lenguaje propio capaz de aúnar la contracultura con el arte. Sin embargo no sería hasta la década de los 90 y el auge de lo underground por obra y gracia de Kurt Cobain, que sus obras comenzarían a ser reivindicadas como valiosas, habiendo estado condenadas hasta entonces a galerías de la escena alternativa de Nueva York y California. Con la revalorización de éstas llegó también el revival de las mismas y la creación de revistas especializadas en este tipo de arte aún considerado subcultura, como Juxtapoz y Hi-Fructose. Fue gracias a ellas que el lowbrow comienzaría a reinventarse. Los artistas, conscientes de su nueva ganada atención, buscan romper con una estética hasta entonces más cruda, descuidada y cercana al cómic, para dar paso a una nueva fase en la que despliegan todos sus conocimientos sobre técnicas de pintura clásica, lo que fue de la mano de una mayor pulcredad en las líneas y la búsqueda de la belleza estética. Todo ello sin abandonar la esencia del underground pero desdibujando de manera definitiva la línea que separaba la baja de la alta cultura. Es ahí donde nace el surrealismo pop y a lo que el considerado como su padrino se atiene a la hora de llevar sus mezcolanzas entre elementos arquetípicos de la cultura pop y elementos oníricos que remiten al subconsciente.

Cabe dejar claro que la intención de estos artistas nunca fue sentirse legitimizados por la alta cultura, de hecho una característica común entre ellos es la de afirmar que no se sienten parte de ningún movimiento en particular, teniendo actitudes en todo momento individualistas y personales respecto a su obra. Sin embargo la singular variedad de temas contemporáneos que tratan y la estética hipnótica que emplean, bella pero inquietante y repleta de elementos reconocibles para cualquiera, hacen que hayan llegado al público de una manera que la crítica, las galerías y los museos no podían seguir ignorando. De entre todos ellos, Mark Ryden, como buen discípulo de Marcel Duchamp, ha sabido como nadie hacer del espectador no especializado su mayor cómplice. Lo ha conseguido a base de dejarles pensar que las preciosas niñas de ojos enormes que les presenta no son más que bellos modelos estéticos concebidos para el simple deleite contemplativo, aunque no haya nada más lejos de la realidad.

Ryden, Mark (2008). Grotto of the old mass|Vía: markryden.com

Lo obra del de Oregón, bebe indudablemente del cómic, la caricatura y la pintura tradicional de artistas como Ingres o David, pero bajo la superficie, este admirador confeso de Neo Rauch. esconde un universo simbólico y alegórico que bien permitiría emparentarle con el Bosco. En la retrospectiva que acoge el CAC de Málaga esto es más fácil de percibir que nunca, ya que cuenta con 55 obras seleccionadas de entre todas sus series, lo que da una perspectiva bastante amplia de su lenguaje pictórico. Están los pasajes nevados, copados de grises de su The Snow Yak Show (2008), donde conviven la mirada turbia de Fur girl (2008) con la inocencia de la niña que asiste a la visita de Abraham Lincoln, que en clave de anunciación mariana se dejan ver en Grotto of the old mass (2008). Pero no es la única vez que nos encontraremos con Lincoln. El decimosexto presidente de los Estados Unidos es para Ryden un fetiche indiscutible y no hay entrevista en la que no aproveche para explicar como la fuerza que transmiten las fotografías antiguas en las que aparece le fascinan hasta el punto de considerar que la adoración que la cultura norteamericana por el personaje está más cerca del ídolo religioso que del personaje político. Es por ello que volvemos a encontrarlo como protagonista indiscutible de Pink Lincoln (2010), parte de la serie The Gay 90’s(2010) junto a la archiconocida Incarnation (2010), culpable de hacer pensar a Lady Gaga que un vestido hecho de chuletas era una idea brillante. Las imágenes más perturbadoras y cuajadas de símbolos llegan de la mano de las obras pertenecientes a The Meet Show (1999), como es la enigmática Snow White (1997), la cual convive con el despliegue más abiertamente surrealista de Bunnies & Bees (2001) cuya colorida pieza central The Magic Circus (2001), contrasta con el dolor oscuro y denso contenido por las diminutas proporciones de Wound (2003) y Rose (2003) pertenecientes a Blood (2003).

Ryden, Mark (2010). Incarnation |Vía: kultstudio.com

Sin embargo son las piezas que conforman la serie The Tree Show (2006) las que congregan a más espectadores a su alrededor, como un rebaño que no puede evitar caer rendido ante el aura magnética que desprenden sus protagonistas, recién sacadas de lo que sería un cuento de elfos del bosque si este fuera escrito por Stephen King. Es a esta que pertenece la que quizás sea la obra más conocida del autor, Allegory of the Elements (2006), en la que cuatro niñas aparentemente inofensivas toman el té imbuidas por un ambiente onírico que hubiera hecho las delicias del Sombrero Loco. Mientras, su verdadera naturaleza es desvelada por los símbolos alquímicos que permanecen grabados en sus pechos y los animales que a modo de corona portan sobre sus cabezas: estamos ante las encarnaciones físicas de Aire, Fuego, Tierra y Agua . Y es que la naturaleza es el tema predilecto de Mark Ryden, siendo en dicha temática donde la figura de lo femenino, clave y eje de su obra, cobra su verdadero sentido tal y como es entendida por él mismo, como fuerza que mueve el mundo y divinidad creadora, tal como nos es presentada en las imponentes The Creatix (2005) y The Tree of Life (2006).

Ryden, Mark (2006). Allegory of the Elements|Vía: miroirmagazine.com

Es por ello que como pieza central de estos cuerpos de niñas nos encontremos frente a ojos de mujer, diseñados como dos enormes pozos que hablan de sabiduría profunda y antigua, no correspondida con la edad del cuerpo representado. Una sabiduría más cercana a las hechiceras mitológicas como Circe, que a una mujer de a pie. De ahí que de todo su lenguaje corporal emane una perturbadora sensualidad, que aunque Ryden insiste que no busca de forma consciente, traspasa el lienzo y hasta llega a incomodar.

Ryden, Mark (1997). Snow White|Vía: markryden.com

Es un erotismo que trasciende lo sexual para colocarse en el terreno de lo atávico, de la fuerza primitiva de la atracción que refuerza la idea de que, pese a que lo parezcan, no estamos ante unas niñas sino que nos encontramos ante receptáculos diminutos del principio femenino en su totalidad. No en vano, el mismo encargado de dar vida a estas niñas con su pincel, no se cansa de decir a todo aquel que quiere oirle que cree fervientemente en que el concepto de la divinidad de lo femenino es parte indisoluble de la belleza del arte y que si el mundo tuviera una perspectiva femenina, sería un lugar mejor. Su subconsciente obviamente parece estar de acuerdo con ello, si nos atenemos a su propia teoría de que las protagonistas de sus obras no son más que autorretratos de su propia ánima. Entendiendo esto último desde el prisma de la psicología analítica de Jung, nos dejaría como resultado que este catálogo de pseudo muñecas burtonianas, no son otra cosa que la forma del artista de catalizar y expresar la parte femenina de su psique, a la que Jung denominaba ánimas en contraposición al animus, la parte masculina.

Ryden, Mark (2005). The Creatix|Vía: markryden.com

Estamos aquí ante un hombre que afirma que sólo es capaz de encontrar lo espiritual en la naturaleza, que se siente fascinado por la carne cruda porque según él es el recipiente que mantiene nuestro espíritu en este mundo y que no duda en defenderse de las acusaciones de sentimentalismo kistch argumentando que lo kistch contiene todos los arquetipos universales de la cultura colectiva. Es precisamente la herencia pop de la que hace alarde la principal causa de las descalificaciones que a menudo sufre su arte, ya que éste reviste todo su discurso en torno al subconsciente surrealista de un sin fin de cachivaches e imaginería popular que hace que el conjunto parezca pasear por la delgada línea que separa a Blancanieves del mundo de Jack Skellington en Pesadilla antes de Navidad. Tal imaginería forma parte indisoluble de la personalidad de Ryden, que tiene como una de sus principales aficiones visitar rastrillos y coleccionar toda suerte de objetos extraños, por lo que solo hay que echarle un vistazo a su casa/estudio para entender por qué el título elegido para su primera muestra europea es el de “Cámara de las maravillas”, en clara alusión a los antecesores de la institución museística, los Gabinetes de curiosidades tan populares en los siglos XVII Y XVIII.

Mark Ryden posando en su estudio|Vía: http://la.curbed.com

Este compendio de singularidades hace de su obra una cuestión muy personal, impresión reforzada por sus propias declaraciones de rechazo a colaborar con otros artistas del movimiento y de apostar por un modo de trabajo perfeccionista y extremadamente minucioso que le lleva a usar pinceles minúsculos, lupas y hasta espejos, amén de una técnica clásica conformada por capas y capas de finas y sutiles veladuras. Su peculiar actitud casi animista es otra de sus singularidades, ya que está convencido de que cada obra “necesita de unas dimensiones concretas para existir”, de lo que da cuenta la espectacular Aurora (2015), que a modo de ninfa surge ante nosotros en sus casi tres metros de esplendor acuático o la escultura Wood Meat Dress (2016), la única obra producida ex profeso para esta exposición y que es su personal homenaje a la talla policromada en madera tan popular en Andalucía.

Aurora (2015) tal y como puede contemplarse en el CAC Málaga|Vía: elpais.com

Pero si piensan que estamos ante uno de esos casos de los que abunda el arte contemporáneo y actual, en los que para desentrañar el galimatías de la obra hay que conocer cómo funciona la mente del artista, deben saber que en este caso el propio pintor se guarda un as en la manga, y es que él mismo no tiene una explicación clara para su arte. Consciente como es de que la fuerza de sus imágenes reside en gran medida en lo desconcertante de colocar al espectador dentro de una narrativa que desconoce, es reacio no solo a explicar a otros qué hay detrás de sus símbolos, sino que a nivel personal rehusa analizar qué significan y por qué siente la necesidad de expresarlos. Es por eso que como buen mago de lo crítptico y mientras no se corta a la hora de hablar sobre el simbolismo de la carne cruda o la importancia de lo femenino, si le preguntan el por qué de tanta abeja y tanto conejito, no duda en salirse por la tangente con declaraciones como ésta:

“Creo que descifrar tiene el peligro de hacerlo desaparecer y que una vez que lo descubres, lo matas. Por eso no le digo a nadie lo que estos signos representan, porque es importante que la pintura conserve el misterio. Si se descifra por completo, pierde vida”

Con lo cual, llegados hasta aquí y ante el riesgo inminente de manchar mis manos con la sangre de alguna de las inquietantes criaturas que pueblan su universo, solo puedo decir que si quieren probar suerte e intentar adivinar el misterio detrás de Queen Bee (2013) , no les quedará otro remedio que ir e intentar descrifrarlo por usted mismo. No se olviden, le espera en Málaga y tienen hasta el 15 de marzo para conseguirlo.

Imagen promocional de la retrospectiva|Vía: Cac Málaga

2 comentarios

  1. La primera vez que oí hablar de Mark Ryden fua a raiz de su exposición en el CAC. Mi hermano y su novia, que la habían visto hacía poco, me la recomendaron tan encarecidamente que me animé a verla. El caso es que me llevé una sorpresa tan agradable, que ya son tres las veces que he recorrido la “Cámara de las Maravillas”, y tres las veces que me he maravillado explorando todos sus rincones, redescubriendo tal o cual figurita o símbolo y, sobre todo, asomándome a esos ojos de hada triste que parecen haber congelado el tiempo para mirarte sólo a ti.
    El problema es que me faltaba el contexto. Las maravillas de la Cámara de Ryden se movían, saltaban de cuadro en cuadro, hablaban en diferentes idiomas, pero yo no entendía nada, salvo que aquel mundo onírico que me encantaba era en buena parte una urna de cristal cerrada.
    Por eso me ha gustado tanto el artículo, porque te da las claves necesarias para que sepas de dónde viene la Reina de las Hadas… sin que llegue a perder su halo de misterio.
    Enhorabuena.

    1. ¡Muchas gracias por tu comentario! Me alegra mucho que el artículo te haya servido para entender mejor la exposición de Ryden. Espero que sigas disfrutando tanto de la “Cámara de las Maravillas”.

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