El McGuffin

John Travolta en Pulp Fiction | Vía - http://imgkid.com

McGuffin puede sonar a apellido escocés. Y quizá el término surgiese como un juego de palabras por parte de una persona de dicha procedencia: según el libro de Donald Spoto The Art of Alfred Hitchcock: Fifty Years of His Motion Pictures (Anchor Books, 1992), el sustantivo McGuffin fue acuñado por un guionista de origen escocés llamado Angus MacPhail, con el que Alfred Hitchcock trabajaba. Por otra parte, el Diccionario Oxford sostiene que la palabra entró en el idioma en la década de los treinta de la mano del director británico, y ofrece la ortografía alternativa MacGuffin. El diccionario de inglés americano Merriam-Webster también admite la doble ortografía y la creación por parte de Hitchcock, aunque es más específico en cuanto a la fecha de entrada: 1939.

Aunque no fuese de acuñación propia, no cabe duda de que fue este director quien introdujo el término en el idioma inglés y lo popularizó, al incorporar el concepto en muchas de sus películas. Pero ¿qué es un McGuffin? El sustantivo parece derivar de la palabra “guff”, “tontería, chorrada”. Así que, ¿es un McGuffin una tontería? Como veremos a continuación, hasta cierto punto sí. En su aparición en el show de Dick Cavett el 8 de junio de 1972, Hitchcock lo explicó con el siguiente ejemplo:

“Se describe una escena en un tren inglés que va a Escocia, y un hombre le dice al que va sentado enfrente: ´¿Qué hay en ese paquete de ahí arriba?`. El otro contesta: ´Ah, es un McGuffin`. El primer hombre dice: ´¿Qué es un McGuffin?`. Y el otro responde: ´Es un aparato para cazar leones en las Highlands de Escocia`. ´Pero en las en las Highlands de Escocia no hay leones`. Y el otro contesta: ´Entonces no hay McGuffin`”.

Podemos escuchar el audio original del programa de Cavett en este vídeo.

En una primera lectura puede parecer una explicación absurda, pero quizá no lo sea tanto. En numerosas ocasiones en el discurso de una película, el McGuffin es sólo un anzuelo que se lanza al espectador, sin más objetivo que atraer su atención para que quiera saber más, al igual que el paquete que hay en el tren despierta la curiosidad del viajero. Por tanto, el McGuffin es una mera excusa que dispara la trama narrativa, abocada a un desenlace, un objetivo final -cazar leones en las Highlands-. Si dicho desenlace no existe o es fallido, en efecto no hay McGuffin.

Con frecuencia el McGuffin es engañoso, en el sentido de que se trata de un objeto que parece va a ser de importancia vital en el desarrollo de los acontecimientos, aunque luego éstos toman derroteros insospechados. Por poner un famoso ejemplo de las películas del propio Hitchcock, el McGuffin en “Psicosis” (1960) es un sobre con 40.000 dólares robados a su empresa por Marion, el personaje de Janet Leigh, que el director nos muestra en un plano primerísimo y manipulador durante 8 segundos (min.4:03-4:10):

Pronto nos daremos cuenta de que el robo es irrelevante. Es más, podría haberse cambiado el dinero por cualquier otro objeto de valor: joyas, documentos, lingotes de oro, la clave de una cuenta bancaria… Cualquier otra “chorrada” habría despertado el mismo interés en el espectador, que se habría dejado llevar mansamente como un cordero al matadero, nunca mejor dicho.

Un caso más cercano en el tiempo de un MacGuffin genial es el maletín que desencadena la compleja trama de Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994). De hecho, tiene tan poca importancia que nunca llegamos a saber qué guarda, pues cuando Vincent, el personaje interpretado por John Travolta, lo abre al fin, sólo vemos su cara de asombro ante el resplandor que emite el contenido:

Ana Fúster

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