El lodazal político

«En política se está en contacto con la mugre y hay que lavarse para no oler mal»

Enrique Tierno Galván (1918-1986, Político e intelectual español)

Hoy tenía previsto publicar un trabajo sobre el problema de la vivienda en España. Dice mi editor que planteo cuestiones en mis artículos que necesitan plazo para verse satisfechas y no le falta razón. Pero es que no me queda la menor duda que uno de los peores males de las élites y los profesionales de la política de nuestro tiempo es precisamente la inmediatez. Eso que de manera más académica llaman «cortoplacismo».

Uno más de los desarreglos de este capitalismo salvaje con el que nos ha tocado compartir la vida desde que tan siniestro sistema decidiera que ésta misma es pura mercancía en todas y cada una de sus facetas.

No lo iba ser menos en las formaciones políticas, convertidas en buena parte en máquinas electorales donde cada vez queda más lejos aquello del altruismo y el bien común. No se trata de «trincar», se trata simplemente de estabilidad laboral, un puesto de trabajo sin más.

Lo peor de todo es que cada vez nos queda menos tiempo. El cambio climático –el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad-, es un hecho incuestionable y se ve cada vez de forma más evidente que está a la vuelta de la esquina.

Lo que no se yo, a ciencia a cierta y a tenor de ese lodazal en que se ha convertido la política, por donde llegará antes el tan advertido colapso, si fruto de la venganza de la naturaleza ante tanto desatino o por la culminación misma de tanto estropicio.

Siempre he sido un enamorado del antiguo Egipto y lástima que en todos mis viajes todavía no haya visto el momento para visitar sus restos en la ribera del Nilo. Me temo incluso que cada día se me pone más difícil conocer de primera mano una civilización extinta que duro más de 3.000 años, del mismo modo que con diez siglos menos de existencia va a acabar pasando con la presente.

El vecindario

Decía mi buen amigo Pepe en una de nuestras habituales tertulias que, en los que más cerca nos toca y ante tanto disparate España tiene que ser el hazmerreír de Europa. Pero en todos sitios cuecen habas que de no ser así y a pesar de las disfunciones históricas de nuestro país con respecto a muchos de nuestros vecinos, cabría lugar al optimismo.

Porque ahí tenemos a nuestros amigos italianos teniendo que recurrir estos días a un tecnócrata para formar gobierno, por cierto en un país que desde que finalizara la II Guerra Mundial el promedio por legislatura apenas supera los 13 meses.

Eso, por no citar a los belgas con su eterno conflicto entre valones y flamencos que el pasado 1 de Octubre lograron formar gobierno después de 650 días del anterior en funciones, batiendo su propio record de 541 jornadas entre 2010 y 2011.

O los jaleos derivados del Brexit entre la UE y el Reino Unido, quién lo iba a decir. Cuando no los permanentes problemas de la vieja Inglaterra en la isla de Irlanda o con la díscola Escocia queriendo dejar de lado una y otra vez al vasto imperio británico.

Así nos podríamos pasar el artículo contando los dimes diretes entre las disputas de los landers alemanes, las pseudo democracias húngaras y polacas tan lógicamente controvertidas en el seno de la UE o ese hervidero de reproches entre otro vasto imperio como el ruso y ese otro lado del continente que nos dimos en llamar «bloque occidental».

Pero a lo hecho pecho y tendremos que aplazar unos días nuestro alegato sobre la desastrosa política de la vivienda española desde que se pierde la memoria, para hacerle un hueco a esa calamidad en que se ha convertido la política española y que ya de tanto desbordar cansa.

La escena

Por una parte, un proceso catalán en ciernes que no cesa y ahora incorpora a la presidencia del Parlament a Laura Borràs lo que presupone más jaleo a la causa. Por añadir al caso, digo yo, que ERC debería plantearse alguna vez si es antes un partido de izquierdas o independentista que, manda narices, pueda seguir confluyendo en un desgobierno insólito entre un partido ultra liberal como son los herederos de CiU y uno que se presupone socialista.

Pero como no teníamos bastante con el lío catalán, en medio de una pandemia, con una crisis económica sin paliativos cuando nunca acabó del todo la anterior, después de tanto amagar con el gobierno de la nación en continua ebullición, los que se van al carajo son los del PP y Cs en Murcia, Madrid y quedan al borde un ataque de nervios en Castilla-León.

Lo de Murcia, según parece, a costa de unas pretendidas y reiteradas tramas corruptas del PP denunciadas por su socio. No es pues de extrañar que, dado lo tremendo del supuesto, este último propiciara una moción de censura para apear al primero del mando por cuestiones de tanto apremio.

Por eso, sorprende todavía más que 24 horas más tarde de dar semejante paso, tres diputados de los que firmaron la misma den marcha atrás a cambio de sendos puestos en el gobierno murciano. Vamos, que ya lo decíamos antes, en estos duros tiempos que corren, cualquier cosa vale con tal de mantener el puesto de trabajo.

Lo malo que no queda ahí el escarnio. Ahora van ciertos medios de comunicación afines al bloque conservador y ante un evidente caso de transfuguismo, la cosa la llaman negociación. Así que quedémoslo ahí que tiene uno un hijo periodista y no soy de echar por tierra la profesión.

Conato en Valladolid al tono con el PSOE también de por medio y es que, claro está, el rebufo de Ciudadanos le viene como anillo al dedo al partido socialista para intentar mandar al carajo a su molesto socio en Moncloa y de paso tirar otra vez al retrete la S y la O de sus siglas.

No en vano Pedro Sánchez su primer abrazo se lo brindó a Albert Rivera, con el que hubiera ganado el perdón de Felipe González y su guardia de socialistas de salón.

Pero el golpe definitivo ha sido el de Isabel Díaz Ayuso, IDA, en Madrid, disolviendo la Asamblea y convocando elecciones el 4 de Mayo. Un auténtico terremoto hasta para el Partido Popular.

IDA

«Socialismo o libertad», ha proclamado su lema electoral, para que todo el mundo sepa a qué atenerse en Madrid. Que para eso dijo en su día que Madrid es España y los demás tan claro como que ni fu, ni fa.

Aunque ante semejante afirmación da la sensación que IDA es de las que defiende la libertad de los que piensan como ella y no precisamente la de los demás.

Contra todo y contra todos, hasta los de su propio partido y compañeros presidentes de otras CC.AA. desde el mismo día que consiguió en los despachos lo que no en las urnas. De forma absolutamente legítima por cierto, aunque a ella y su partido le cueste tanto digerirlo. Si no toca, claro.

Lo digo porque todavía recuerdo a su colega Monago, por estas tierras extremeñas, que tanto propagó aquello de que gobierne la lista más votada que cuando en Badajoz tuvo que recurrir al tripartito tras caer derrotado los populares en las últimas municipales, cuestionado al respecto respondió «eso ahora no toca» y tan pancho se quedó.

La verdad que IDA, nunca estuvo conforme con sus socios de Ciudadanos. Varias veces se ronroneo que quería adelantar las elecciones pero, es de suponer que la pandemia le haya frenado la intención. Aunque no sé hasta qué punto diría yo, bregadora incansable contra las restricciones y salvaguarda de la libertad individual por encima de cualquier otra consideración.

De ahí que descargara toda la responsabilidad de la pandemia en los madrileños eximiéndose de toda obligación más allá del que por Decreto le exigieran desde el gobierno de la nación.

Desde el primer momento Ciudadanos debió parecerle demasiado izquierdoso, por mucho que estos ejerzan de liberales de tomo y lomo. Por eso y si finalmente sale adelante la convocatoria que, por minutos, parece ser que sí, ante el previsible desmoronamiento general de su ex socio va a arrastrar tras de sí un buen puñado de votos.

Aunque también sea cierto que no lo serán todos y acaben otros en la abstención porque es difícil que después de tanta pose, presten su voto a Ángel Gabilondo por mucho que este no resulte nada excesivo en el gallinero que se ha convertido el debate político.

Vox, me da a mí, que una vez viéndose incluso superado en algún extremo por su derecha por la vorágine de IDA, tampoco será de mucho subir como por otros lares, así que veremos a ver cuánto es capaz de dar de sí la estrategia.

Pero créanselo de verdad que contando de gurú con un tipo como Miguel Ángel Rodríguez (MAR), todo un adalid de las intrigas palaciegas desde los tiempos de Aznar, muy segura tiene que estar con el paso que acaba de dar.

Más de 25 años de gobierno dan para mucho y el Partido Popular, o la facción madrileña del mismo para ser más justos, ha convertido la Comunidad de Madrid en lo que se conoce por el mayor laboratorio del neoliberalismo europeo.

Como en el resto de casos todo un éxito en el aspecto macroeconómico y en beneficio especialmente de las élites que no del cuerpo a tierra de los madrileños.

Pero crea cultura y de la misma manera que Trump ha sido el segundo candidato más votado de la historia de los EE.UU. y solo ha podido ser desplazado del despacho oval por la movilización de la América más progresista IDA con el mismo discurso y maneras de éste, aun en un contexto tan diferente, tiene muchas papeletas para afianzarse en el gobierno madrileño.

Y aunque no parezca fácil que obtenga la mayoría absoluta Vox será su socio sin el menor inconveniente. Todo un reto para la izquierda madrileña.

El desenlace

En fin, que esto es lo que tenemos, aunque a fuerza de ser sincero algo debemos haber hecho muy mal y desde hace mucho tiempo para merecerlo. Y, con la misma franqueza, no creo que sea otra cosa que haber caído en las garras del capitalismo más ruin y altanero.

En 1929 el capitalismo explosionó por primera vez en la historia y sus derivas acabaron en la II Guerra Mundial. Después de aquello el capitalismo optó por reformarse para evitar que volvieran a darse las condiciones que propiciaron semejante tragedia y cedió el paso al Estado del Bienestar y todo lo que ello conlleva.

El neoliberalismo, la versión más integrista de dicha teoría, tras sus primeras insinuaciones durante las crisis del petróleo de los 70 y su promoción durante los mandatos de Ronald Reagan y Margaret Tatcher, tras la caída del muro de Berlín toco a rebato hasta que la maquinaria capitalista volvió a precipitarse en 2008.

Muchos pensamos que la mayor pandemia universal de nuestro tiempo causaría el mismo efecto que aquella guerra. Que la clase política sentaría la cabeza y las élites serían capaces de dar un nuevo paso atrás. Pero me temo que, a la vista de todo lo expuesto, no parece llegar el día.

Una lástima, porque el tiempo pasa y el mundo que conocemos, de no poner coto ya de forma decidida, se apaga inexorablemente. La furibunda capitalista ya vemos que no está dispuesta a aflojar el paso y todo lo que queda por su izquierda que es mucho y variado, no parece dispuesta tampoco a partir un piñón.

Así que atentos a lo que viene y a ver si hay todavía quienes puedan poner un poco de sentido común ante lo que será el más trágico fiasco de nuestra historia.

Nota de última hora

Cerrado ya este artículo otra pirueta política sacude este país ayer mismo. Un vicepresidente del gobierno inicia la carrera a la inversa y se baja de la política nacional a la autonómica. No sabemos lo que ocurrirá con Iglesias y ya tendremos tiempo de hablar de eso pero si todo le sale mal, entre otras cosas malherido su tremendo ego, al menos le quedará un puesto de trabajo donde recalar. Algo que se echa en falta en la carrera política de muchos otros en constante candelero.

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