El Hatari! de McLaglen: “Hellfighters” (1968)

Los hombres de Chance Buckman (John Wayne) no distan mucho de los de Sean Mercer, el personaje al que también dio vida el astro, para la maravillosa Hatari! (Howard Hawks, 1961). En aquella, cazaban animales para los zoológicos, disfrutando del riesgo de la aventura. 184446-Hellfighters4 En Hellfighters (Los Luchadores del Infierno, Andrew V. McLaglen, 1968) cazan incendios, los apaciguan y los encierran también. Ahí, del brazo de Chance -que también fue un personaje de Wayne en Rio Bravo (Hawks, 1959), andan el ligón Greg (Jim Hutton), George (Edward Faulkner) y, por supuesto, Joe (el inseparable Bruce Cabot, uno de esos secundarios al que ningún cinéfilo se cansa de ver). El equipo está compuesto por amigos, aunque siempre haya ocasión para armar escándalo.  Apagar fuegos es siempre duke_c54un trabajo de enorme riesgo y casi le cuesta la vida a Buckman, igual que le ocurría al “Indio” en Hatari!, por cierto allí interpretado por el susodicho Cabot (igualmente cuenta la película con la intervención de Valentín de Vargas, otro de los componentes del equipo, en el film de Hawks). Así, hay también fuegos dentro de cada personaje. El libreto de Huffaker -una apuesta personal de Wayne como homenaje a Tex Thornton, Red Adair…y otros nombres míticos de tal jaez- no desdeña a ninguno de los personajes, los deja vacuos o los sustituye por la simple aventura. 08matthews_CA0-popup Hay sabias pinceladas de cada uno diseminadas a lo largo y ancho de esta obra, especialmente en lo que concierne a Wayne, su ex mujer, Madelyn (Vera Miles), la hija de ambos, Tish (preciosa, como acostumbra, Katherine Ross) o Greg. Sobre este triángulo equilátero y Wayne, se va conformando la esencia del film de McLaglen. A Buckman su oficio le ha costado la separación de su mujer y de su hija. 1580-3 A “Uncle Jack” (Jay C. Flippen, otro que viene directo del western) le ha dejado en silla de ruedas…, en definitiva, cada uno lleva las cicatrices –exteriores, ésas se ven, o interiores, que cuesta más eliminar- derivadas de la profesión. En la aventura hay momentos para las peleas de “pub”, para el amor. Allí, algunos amores, en estas vidas, son casi tan mortales como un incendio de petróleo, pues al personaje de Hutton -padre de Timothy, y tristemente fallecido a edad prematura- no se le ocurrirá más que enamorarse de la hija de Wayne, amenazado desde ese momento por el iracundo líder de los “apagafuegos”. Igual que cuando se despiden de Irene, la secretaria (Barbara Stuart), si antes quedaba patente que aquel trabajo era uno para hombres, la aparición de Tish, como en el mejor de los films de Hawks, supone un antes y un después. El cambio. Dios creó a la mujer. Una mujer que rompe, de forma irrefrenable, la actitud “homosocial” –en palabras de Eve Sedgwick- del grupo.vlcsnap3213365qr La película de McLaglen es “hawksiana”, en el mejor de los sentidos, hasta la médula misma. La aventura de luchar en el infierno, de vivir, día a día, entre peligrosos fuegos… supone también un infierno para las personas que deciden compartir su vida con estos “hellfighters”. McLaglen se sirve de un detalle como el de Tish fallando al golf, cuando es una jugadora perfectamente cualificada y después de que su marido reciba una llamada urgente, abandonándoles unos minutos. El matrimonio de Tish y Greg no resulta bien acogido por la madre de ella. Ya ha pasado por ello. Sabe lo que viene con cada salida por trabajo. vlcsnap3221705kn Del Canadá a Malasia, pasando por la misma Venezuela, el fuego no pide permiso, y es evidente que Huffaker y el cineasta inglés se han encargado de que la presencia ominosa de los pozos petrolíferos incendiados sea constante. Cambia incluso la música de Rosenman, para remarcar, con sutileza, la peligrosidad del monstruo de llamas. A Hellfighters, en el fondo, le ocurre lo mismo que a muchas otras de su director, Andrew Victor McLaglen, hijo del famoso “hombre de Ford”. Si las hubiera dirigido cualquiera que no fuese él, serían productos de mucho más renombre que lo que son. Le pasa a la que aquí reseñamos, a “Shenandoah” (El Valle de la Violencia, 1965), “The Undefeated” (Los Indestructibles, 1969), “Wild Geese” (Patos Salvajes, 1978) o a “Sea Wolves” (Lobos Marinos, 1980), por citar algunos ejemplos. vlcsnap3224066ri McLaglen era un artesano de más que patente pericia, dada la condición de producto de entretenimiento con la que imbuía a sus películas, o al menos, a parte de ellas. De los guiones y el equipo técnico utilizado. Del reparto elegido a conciencia, y sobre todo, de esa capacidad innata para la aventura. Una capacidad que ha sido absolutamente condenada al ostracismo de la crítica. Hellfighters podría ser perfectamente un Hawks -quizás alejado de sus obras maestras y más cercano a un Red Line 7000 (1965), por ejemplo- y nadie notaría apenas la diferencia.986accb8d83e797a6f70172985678a1a_thumb Pero no lleva el sello del director en los créditos, y por tanto, pasa de puro cine de aventura (como así dejan traslucir su imponente guión, sus imágenes magníficamente fotografiadas por Clothier y los diálogos de Huffaker) a “discreta pieza de McLaglen”. Una pena. Para el que no quiera verlo, digo. Algunos nos quedamos a contemplar cómo se lucha en el infierno. A ver la aventura. A ver, en definitiva, cine con mayúsculas.

Daniel Arana

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