El garaje. Tercera parte

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(Si te has perdido la segunda parte, puedes leerla aquí.)

Mientras Amina me frotaba las muñecas con una especie de aceite, comenzó a contarme el plan que había ideado. Suponía que yo tendría carné, ella no sabía conducir, así que pensó que la mejor manera de escapar sería utilizando la furgoneta de reparto de Saif. Que la furgoneta estuviera en la finca implicaba que Saif también estaría en casa así que, en primer lugar, tendríamos que ocuparnos de él. Se le ocurrió que podríamos hacerlo mientras dormía. Primero, vendría al garaje a por mí y entre las dos podríamos inmovilizarle, «sé que estás muy débil, pero encontraremos la manera de hacerlo». Después ella me indicaría cómo llegar al primer pueblo en el que pediríamos auxilio.

Me ayudó a incorporarme, fue horrible hacer funcionar mis articulaciones de nuevo. Sujetándome como podía, dimos un paseo mientras seguía hablando de su plan: yo tenía que coger fuerzas, así que trataría de traerme más comida y en cada visita, me liberaría de las cuerdas y me ayudaría a recuperar la movilidad de mis músculos atrofiados después de tanto tiempo sentada y maniatada.

El día señalado, me desperté con la luz que entraba por la ventana. Tenía la sensación de que algo estaba oprimiéndome el estómago continuamente y vomité varias veces. Las horas no pasaban y yo no podía quitarme a Najem de la cabeza. Amina me recogería pasada la media noche, todo debería transcurrir muy rápido.

Por supuesto que no tenía reloj y mi noción del tiempo estaba enormemente alterada, pero me parecía que Amina estaba tardando demasiado. Pensando que Saif quizás la hubiera descubierto tratando de venir al garaje, me puse en lo peor. Todo me daba vueltas y miles de imágenes terribles comenzaron a abordarme. De pronto, escuché ladridos. No sabía que tenían perro, hasta entonces nunca lo había oído. El portón se abrió y varias linternas me enfocaron cuando alguien gritó: «¡Policía! ¡Está aquí, la hemos encontrado!».

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Aida Cima

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