El gabinete del doctor Caligari, centenario de una obra maestra.

En el período comprendido entre la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el apogeo del nazismo en los años treinta, Alemania se convirtió en el escenario perfecto en el que hizo su aparición una nueva vanguardia, el expresionismo. Lo que comenzó como un movimiento pictórico en 1905 con la aparición del grupo Die Brücke (con figuras como Kirchner, Heckel, Schmidt-Rottluff, Kokoschka…), rápidamente se extendió a otras ramas que englobaron el cine y la literatura.

Fue la aparición de la Universum Film Ag, más conocida como UFA, en 1917, lo que permitió el desarrollo de una industria latente en el país alemán. Fundada por el gobierno y el ejército alemán, la principal premisa ideológica de la productora era mostrar material audiovisual en el que difundir los servicios públicos de información y propaganda de los que hacía gala el poder alemán. Dos años más tarde, la UFA ofreció la dirección de El gabinete del doctor Caligari a Fritz Lang, pero este la rechazó ya que tenía otros compromisos que acabarían convertidos en Harakiri, Las arañas y La imagen errante. Pese al intento del productor Erich Pommer de que este la dirigiese, finalmente el proyecto cayó en manos de Robert Wiene.

Este último pasó a formar parte del grupo de directores pertenecientes al movimiento expresionista alemán, junto a figuras como el propio Lang, Friedrich Murnau, Paul Leni y Paul Wegener. Todos ellos dejarían piezas tan importantes para la Historia del Cine como Metrópolis, Nosferatu, El último, El golem o El testamento del doctor Mabuse.

A través de seis actos, El gabinete del doctor Caligari cuenta la historia del sonámbulo Cesare y del doctor que da nombre a la cinta. Un hipnotizado Cesare comete una serie de crímenes terribles siguiendo las instrucciones del doctor Caligari, en una línea narrativa próxima al estilo del grand guignol, tan popular en tierras francesas.

La intención de la pieza era acusar al poder alemán por sus acciones cometidas durante la Primera Guerra Mundial. No debemos olvidar que esta película era una producción de la UFA, que buscaba la defensa de los valores alemanes mediante la propaganda. Por lo tanto, la tesis de los guionistas, Hans Janowitz y Carl Mayer, no podía estar más alejada de los principios de la productora. Presionados por la misma, y quizá por el propio estado alemán, tuvieron que incluir dos escenas, una inicial y otra final, utilizando el recurso de la analepsis, para trastocar el sentido de la historia. Así, el uso de los flashbacks alteran por completo lo narrado anteriormente. Tal y como ha llegado a la posteridad, El gabinete del doctor Caligari es la fantasía de un loco.

La distorsión de los espacios y la búsqueda de una atmósfera terrorífica tiene una de sus máximas en la propia escenografía a cargo de Walter Rörig, Walter Reimann y Hermann Warm, todos ellos miembros de Der Stürm, la revista literaria fundada por Herwarth Walden. En ellos se aprecia el uso de decorados, marcadamente teatrales, en los que aparecen elementos retorcidos buscando formas imposibles. Calles y edificios presididos por elementos terminados en punta; curvas inviables en nuestra realidad, presentadas como si se tratara de una maqueta o de elementos escenográficos superpuestos. Apoyándose en el fuerte contraste con el mundo de las sombras y la proyección de las mismas, se genera una atmósfera asfixiante.

De ahí que el claroscuro, la presencia de atmósferas oníricas y la búsqueda de ángulos de composición se conviertan en las características propias del cine expresionista alemán.

Las interpretaciones de los actores, a menudo exageradas, los sitúan en una clave grandguiñolesca, cercana al melodrama si entendemos este estilo como un lugar común en el que el gesto es el máximo representante de la idea. A pesar de lo hiperbólico de la trama, lo que se busca es una atmósfera cerrada y lúgubre, amenazadora e inquietante. Para resaltar todas estas características, los fotogramas fueron coloreados, por lo que tonos sepias, azules, rosados o verdes tiñen las escenas.

Lo que nos queda es una experiencia total, la primera película expresionista de la Historia del Cine. Personajes convertidos en arquetipos, una demostración mayúscula de lo que significa el trabajo de atmósfera y que adelanta un dominio de la narrativa cinematográfica que ya quisieran algunos directores actuales.

Han pasado cien años desde que se estrenara esta pieza, pero lo que no cabe duda es que todavía se sigue hablando de ella. Su herencia en el cine de Tod Browning, Orson Welles, Alfred Hitchcock, Andrzej Wajda o Tim Burton es innegable. El mundo del cómic tampoco lo ha dejado pasar llegando a realizar una trilogía con los tres superhéroes principales de DC Comics: Superman: Metrópolis, Batman: Nosferatu y Wonder Woman: La amazona azul. No podemos obviar que su conexión con el mundo DC es elemental, ya que Conrad Veidt en El hombre que ríe inspiró el personaje del Joker. Como reivindicación de ser una de las primeras obras de terror y fantástico de la historia, este año el festival de Sitges no ha dejado pasar la oportunidad de presentar su cartel como homenaje a esta película.

Bienvenidos a la ciudad de Holstenwall…

Cartel promocional del Festival de Sitges 2020.

Título original: Das Kabinett des Dr. Caligari Año: 1920. Duración: 77 minutos. País: Alemania. Dirección: Robert Wiene. Guión: Carl Mayer, Hans Janowitz. Fotografía:Willy Hameister . Reparto: Werner Krauss, Conrad Veidt, Friedrich Feher, Lil Dagover, Rudolf Klein-Rogge, Hans Heinrich von Twardowski. Productora: Decla Film.

Samuel Lloret

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