El festín del tiempo

Fotografía de Paula Vallejo
Cafeterinha
Fotografía de Paula Vallejo

El despertador sonó, como cada día, agitándole en lo mejor del sueño. Otra vez se quedó sin final feliz. Pasó un rato largo hasta que cayó en la cuenta. Habían puesto a cero los contadores del tiempo. Era el día 1. Incierto. En la pantalla del móvil, sincronizadamente a nivel global, apareció un mensaje de la app YWIO (Your World In Order).

«Queridas y queridos compas, por fallo del Sistema, pausamos temporalmente la planificación de tus actividades y distribución de jornadas. Te sugerimos algunas herramientas de autocuidado físico y emocional. Seguimos en conexión para ti. ¡Cuídate mucho!».

Un parpadeo. Releer. Dos parpadeos. Se fue a las FAQ. La pausa implicaba no salir a trabajar,  no salir a comprar ni a correr. Se quedó de pie, en el baño, mirando a la nada. Le escamaba el aire. Y, paradójicamente, no tuvo tiempo de asentarlo. Ahora que se iniciaba este tiempo nuevo, su tiempo, el wasap se desbordaba en un reclamo constante, en un bullicio tropezado, en cúmulos efímeros, normas, emociones, cápsulas desinformadoras. La recuperación del tiempo ascendía como trending topic gracias a que ocupaba miles de segundos, neuronas y relaciones. Era como vivir en un anuncio de aquellas viejas agencias de viajes ofreciendo, en esta ocasión, un único destino: el tiempo.

Y las viejas (auto)promesas de tener tiempo cayeron como una profecía en el reloj de cocina, como un dogma inexcusable. Rápidamente, a pesar de haber recuperado el tiempo, surgieron mil y una iniciativas universalizadas para saber aprovecharlo: yoga y pilates en Youtube, directos en Instagram, karaokes vecinales, cursos y conferencias on-line, zooms familiares y amiguiles, pdfs con recetas para cocinar o cuidarse emocionalmente, recomendaciones para series y películas. Una obsesión hiperproductivista por ocupar el tiempo, y además tenerlo que ocupar desde la ilusión y el afán de superación,  el todo irá bien y la riqueza personal, apenas dejó espacio para pensar de dónde venía ese valioso reservorio temporal. ¿El tiempo se les devolvía? ¿Era suyo entonces?

—¿Estoy aún durmiendo o cómo puede ser que el peor vaticinio, el más loco, sea la solución? Han parado toda la maquinaria pesada. No me puedo creer que dejemos de producir, que paren así el país. No había escuchado tanto lo de cuidar en la vida. Bueno, aquella vez, las de la Huelga Feminista, que querían pararlo todo.

Un mensaje emergente con una voz emergente surgió cantando el Resistiré en los 4 idiomas oficiales del Estado.

«YWIO no puede permitir que nos enfermemos masivamente, ni que mueran nuestras queridas generaciones de mayores. Sigue las siguientes medidas o cortaremos el servicio».

El conocido tema continuó, en inglés y chino, acompañado de una coreografía muy sencilla. Los cuidados se volvieron imperativos. «Atención y apoyo psicológico», expresiones frecuentes. Un arcoíris Mr Wonderful asomaba cada mañana encima de cada barrio, presenciado por cientos de niñas y niños pegados a los cristales como caracoles.

—Vecina, ¿no te llegó el mensaje? No se puede salir.

—Ya, ¿qué raro? A mí me llegó otro.

—¿Te has bajado la última actualización?

—Sí, sí. Yo sigo con las escaleras que tenía, pero, ahora, tengo que desinfectarlo todo. Todo, todo. ¿Tú sabes la de lejía que se gasta? Y guantes, y, lo que se tarda. ¿Cómo voy a hacer los mismos bloques en una mañana? No me da tiempo. Y págueselo usted, ¿sabes? No me dan ni un euro más.

—No sabía. Pero es súper importante el trabajo que estás haciendo. Gracias a ti, la gente va a estar más tranquila.

—Y mi hijo el pequeño, lo mismo. Venga a echar horas en el supermercado. ¿Cómo va a ser que una guayaca y un chaval medio cholo, que hace dos días no teníamos ni papeles, de pronto seamos tan importantes?

—Hum. Oye, te dejo que me está hirviendo el café. ¡Buen día!

Your World In Order se encargaba de todo. Estaba previsto, arreglado, siempre contaba con un plan B para no perder la dirección correcta. No era sencillo. El sistema aglutinaba todas las horas vitales de cada persona y, a través de complejos algoritmos diseñados por un panel internacional de expertos con o, las administraba con detalle para sostener los engranajes de tan complejo escenario. ¿Cómo había sido posible encajar situaciones caseras, casa a casa, con fluidos globales de más alta dimensión? ¿Cómo se habían acostumbrado sus habitantes a este paisaje donde el tiempo, realmente, no les pertenecía y sus biografías particulares se asemejaban cada vez más a nivel planetario?

La Aplicación no descansaba. Había diferenciado mensajes y pautas según los perfiles personales que alimentaban su gran banco de datos y tiempos. Personas solteras, con empleo o estudiantes, con cierto poder adquisitivo, sin personas dependientes a su cargo, o jubiladas con cierta vida asentada materialmente, entre otras muchas variables, recibían el mensaje general de Gran Pausa Temporal. Encajaban en el conocido perfil champiñón genuino de toda la vida, quien podía más o menos jugar a la autonomía y creerse poseedor de ella. Era necesario un estándar ilusionante al que dirigir el cuerpo normativo. Había quienes agradecían esta inaudita devolución de tiempo en sana reclusión.

A partir de ahí, YWIO no había inventado nada nuevo con la pandemia. Estaban los perfiles sostenedores, de toda la vida, es decir, desde siempre haciendo posible toda la vida. Estaban ahí, muy numerosos, mezclados con todos los demás, como si no fuera con ellos. Y, de pronto, con el fallo del Sistema, la App se quedó al desnudo. Una vez liberados todos esos perfiles que ocupaban trabajos prescindibles, el Sistema se vio reducido a las actividades fundamentales para continuar la vida: salud, alimentación, cuidados diversos (mayores, peques, personas con diversidad funcional, etc.), educación, energía, transporte de mercancías y alimentos…

Este segmento presentaba en sí mismo muchas dificultades para su manejo. Era muy voluminoso tanto en número de horas dedicadas como en personas. Prácticamente inabarcable, mucho menos pagable. Con esta nueva situación, no sólo no podían pausar su actividad –bajo la estimulante idea de tiempo liberado para ti mismx- sino que, muy al contrario, sus tiempos eran requeridos en mayor medida. Exprimidos. Tenían que soportar una enorme presión. No se les podría devolver tiempo como al resto, porque, en muchos casos, además, ya se partía de un reparto muy desigual.

En la cúpula de YWIO se respiraba un ambiente de calma. Parte del problema fue erradicado poco después de su creación: la Aplicación no podría integrar los cuidados personales en el propio hogar –ya sabemos que realizados masivamente por mujeres-, o, de lo contrario, vulneraría el derecho a la intimidad. Quedaban fuera de su cómputo del tiempo y correrían su propia suerte. No se convertiría en un lobbying al que temer. Invisibles, aisladas, precarias de tiempo.

Para el resto de actividades de este segmento, en particular la muy colapsada sanidad, diseñaron una comunicación épica: no podrían devolverles tiempo como al resto, porque eran vitales, eran los pilares. Gracias a su heroísmo, a un ejercicio sobre-humano, salvarían la situación, aunque no fueran responsables de ello. El mensaje hacía aguas: sostener la vida no era algo extraordinario o súper-humano, no podía haber algo más mundano, más pegado a la realidad cotidiana. No eran necesarias fuerzas de otro planeta, simplemente redistribuir esos trabajos, repartir tiempos y responsabilidades. Darles medios y no solo fines. Sin embargo, el sentido común no fue un obstáculo. El tiempo de las personas cuidadoras, el de las de la sanidad, alimentación, de estos sectores esenciales, fue sobre-extraído; les quedó apenas para sobrevivir el día a día. Si les tentaba la crítica, la mayor de las veces, les vencía el cansancio. Mientras tanto, la Aplicación no escatimaba en ensalzar su labor, en miles de minutos de comunicación que llegaban a todas las usuarias por múltiples canales.

—Pienso reclamar. Mi muro Esperanza de vida se está reajustando continuamente y, cuando consigue cargar, cada vez me queda menos tiempo disponible. Hay un mensaje críptico que está circulando por los chats. Dicen que este tiempo que nos dan ahora, que es por fallo suyo, lo tendremos que devolver.

—Me ha pasado parecido. He recalculado con esos datos y mi línea laboral se superpone a la vital. ¡Entera!

—Tiene cierta lógica. Todas las horas de trabajo que no estamos haciendo son una deuda enorme en nuestra bolsa de horas. No trabajar es lo excepcional, pero de normal, trabajas, muchas horas a la semana. Menos tú, que teletrabajas, o eso dices, porque con dos crías, ya me contarás… ¿Veis cuánto tiempo debemos?

—¿Quieres decir que cuanto más dure la Gran Pausa Temporal, más tendremos que pagar? Me estoy agobiando.

—La que se agobia soy yo, currando en casa, con dos crías, cocinando, deberes, sin dormir, y encima aguanta comentarios como el tuyo.

La gente, a solas con el tiempo, empezó a inquietarse. Un movimiento minoritario quiso desinstalarse la aplicación, que implicaba, en realidad, perder el acceso a una serie de aplicaciones en cascada (Fluid Borders, Salud en Línea, compras en plazos, universidades on line, acceso a trámites…). YWIO debía darse prisa. Volver a vestirles de normalidad.

Fin del descanso. Cada mochuelo a su olivo. « ¡Hola! Seguro que has podido descansar, mantener tus músculos y emociones nutridas y estiradas. Tu tiempo termina. Empieza el nuestro. No estés triste. Sabemos que te has aburrido un poco». Y, como en los viejos anuncios de agencias de viajes, el empleo se erigió como el destino más comúnmente soñado. El Sistema, fallido, no pudo restaurarlo a su anterior versión.

Chus

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