El escenario del día a día


Texto y fotos de Sonia Prado


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“Mis semanas tienen danza, ya es algo que forma parte de mí y en función de esto me tomo el resto de cosas de un modo u otro”. Así describe Marina Calderó su día a día, su pasión por la danza, un arte que ha pasado a ser algo más que un simple hobby.

Marina es una barcelonesa de 20 años, alegre, comprometida y tenaz. Además de bailar, compagina sus horarios de clases de danza con los de la universidad y el esplai.

Desde bien pequeña la danza ha formado parte de su vida. Con 5 años, bailaba danzas populares y a los 10 decidió cambiarlas por el jazz. No conforme sólo con el jazz, un año más tarde sumó clases de clásico y a los 14 las de contemporáneo. Poco a poco fue enriqueciéndose de distintas disciplinas que le han ayudado a desarrollarse como bailarina. Actualmente invierte un total de 11 horas a la semana en Itaca, su escuela de danza, allí toma clases de clásico, contemporáneo y jazz, además de prepararse para competiciones y exámenes de la Royal Academy of Dance (RAD).

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Exámenes

Los exámenes de la RAD son uno de los títulos más importantes en la enseñanza de una bailarina. Marina ya se ha presentado a varios de ellos, y los dos últimos los aprobó con Distinction, la nota más alta que se puede obtener.

“Las clases me las planteo diferente, siempre tienes una presión más, sobre todo cuando está llegando el momento”, explica la bailarina, quien dice no ser consciente muchas veces de las correcciones hasta que empieza a prepararse unos ejercicios determinados. Es en ese momento cuando presta más atención a las correcciones de la maestra.

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Lesiones

No todo en la danza es un campo de rosas. Desde pequeña es propensa a esguinzarse el pie derecho. Este año estuvo durante cuatro meses lesionada y eso le hizo frustarse en muchas ocasiones. “Yo venía a mirar las clases y sentía mucha frustración, quería hacer los mismo que mis compañeras y ver que no podía, que pasaban los días, no avanzaba y no podía hacer nada, me frustraba mucho”, explica Marina.

Esplai

Al esplai “SCV Clot” llegó cuando sólo era una niña y ahora es ella la que debe ocuparse de los más pequeños. A esta tarea… , ya que además de estar los fines de semana con su grupo de niños, debe hacer reuniones y asambleas con el resto de monitores. De cara al verano las reuniones aumentan, y en algunos casos, dada la flexibilidad con el resto de monitores, puede cambiarlas de hora para no faltar a sus clases de ballet. Sin embargo, cuando le coinciden con competiciones o exámenes de la RAD, debe privarse de algunas reuniones o, incluso, de alguna excursión con los más pequeños.

Universidad

La psicología llegó a su vida de forma inesperada. Terminaba bachillerato y debía seleccionar hacia dónde encaminar su futuro. Al final se decidió por la psicología y tiene claro que, al terminar la carrera, realizará un Máster de equinoterapia para ayudar a discapacitados a través de la terapia con caballos.

“No supone un sacrificio invertir tantas horas ensayando en la escuela, acaba siendo gratificante por todo lo que consigues para ti misma”

MARINA CALDERÓ

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Sobre el escenario

No se debe olvidar que la danza no se queda en las aulas, el momento que más disfruta un bailarín, o bailarina, es sobre el escenario. Este año, después de mucha indecisión, Marina optó por participar en el grupo de competición de Itaca. “A principio de curso me lo planteé bastante porque sentía que hacía muchas cosas y ninguna bien”, pero después de valorar la situación decidió tirar adelante: “No me arrepiento, voy bastante más atareada pero me ha compensado”, añade la bailarina. El bailar en un grupo de competición no supone únicamente horas extras de danza, más clases, más ensayos y más compromiso. Además de estas premisas, Marina destaca el compañerismo, el “buen rollo” que hay entre sus compañeras y la unión que se ha creado entre ellas. “El grupo es algo que aporta mucho, porque pasas muchas horas y hacerlo tú solo no tendría sentido”. Esto en con lo que ella se queda, con el grupo, con la amistad, rompiendo los moldes preestablecidos de competitividad en la danza. Parece que Marina ha sabido encontrar la receta justa para hacer todo aquello que le gusta, siempre, eso sí, con mucha danza.

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