El capital a favor de la vida

Fotografía de Mikaela Kobyakov
Fotografía de Mikaela Kobyakov

«Nuestros nuevos servicios financieros están teniendo una excelente acogida entre el público mayoritario», afirma con una amplia y blanquísima sonrisa el Director General de Bankiander. Al fondo, la sede central de su entidad, rodeada por una nutrida cola de gente a la espera de poder entrar.

Nuestra precaria reportera avanza ágilmente por la fila: estudiantes, jubiletas, autónomos, señoras de la limpieza… Porque tú lo vales: una campaña inclusiva que pone en el centro a las personas y sus necesidades.

—Un paquete sencillo, señor. Que me dé para un par de revisiones al año. En verdad, casi nunca voy al médico y…

—Señora, iré al grano. Siga cuidando su salud –la voz del comercial torna de un empático que llega al alma–. Eso está fenomenal. Sobre todo, porque no podrá pagarla, ¿verdad? Tenemos acceso a su historial médico y, Amalia, no es tan bueno como nos cuenta ¿no? –guiño cómplice.

—¿Cómo? Llevo…¡ni recuerdo de inviernos sin un constipado!

—Mire, a sus 64 años, mujer casada –seguro que durante décadas ha cuidado bien de los suyos ¿eh? –, sus riñones no son aptos para avalar este programa de salud en diferido, que tantas ventajas le ofrecería. Todas las ventajas de la antigua salud pública con la eficiencia y la cercanía de su banco.

—Pero en las noticias decía que era para todo el mundo.

—Así es. Pero no hablamos de ese individualismo al que nos quieren llevar, a ese egoísta, un champiñón aislado del resto. En Bankiander sabemos que somos interdependientes: la familia, las redes de apoyo, la comunidad, son claves.

—Ajá…

—¿Por qué no le plantea a su hijo Andrés, de 32 años, lo mucho que puede hacer por usted? Seguro que quiere demostrarle cuánto la quiere y no sabe cómo. Tan propio de los varones y su falta de implicación en los cuidados.

Mientras, la espera en el exterior transcurre en jubiloso ánimo. Una holograma, andróginamente vestida, reparte consignas de la entidad en varios puntos de la cola simultáneamente. Mujer bonita se cura en Sanitas; De Norte a Sur, de Este a Oeste. Mereces vivienda digna, cueste lo que cueste.

—El Programa Educación para todes, todes, todes permite acceder a primaria, secundaria e incluso universidad – si es que no prefiere una opción más pragmática, llegado el momento– por un 30% más barato que las tasas oficiales. Además de uniformes gratuitos con este diseño exclusivo de Bankiander –entre sus manos, la agradable comercial muestra un catálogo moderno con una alta calidad en sus tejidos.

—Papá, no lo firmes, por favor – susurra Ángela al otro lado de la mesa.

—¿Qué le hace dudar, querida jóvena? Este es uno de nuestros programas estrella.

Cara de circunstancias por respuesta. Ángela siente que ella está en lo cierto. Sin embargo, está algo abrumada. Tanta información y presentaciones en 4D, ese olor embriagador que la envuelve, la desconocida sensación de la calefacción abrigando su cuerpo.

—¿Es por lo del derecho al voto? ¿Sabe usted que si votar sirviera de algo sería ilegal? ¿Aún cree en su utilidad? Entiendo. Mire, podrá gozar de una educación de calidad desde los 15 años que tiene ahora hasta los 22. Un total de 7 años. Para luego optar por la ocupación de sus sueños. La única garantía que le pedimos es que se dedique plenamente a ello. Y aplace sus deseos de votar hasta los 30.

—Desde luego si en mi generación hubiéramos tenido más cabeza, y estas oportunidades, no nos veríamos como estamos –congenia el padre de Ángela, que no sabría cómo regresar a casa con nada bajo el brazo.

Ángela se hunde lentamente en el asiento de cuero reclinable, a juego con el cenicero y la carpeta donde brilla el contrato.

—Estamos junto a este caballero para cerrar nuestra emisión en directo. ¿Qué le parece esta innovadora campaña de Bankiander?

—¿Qué quiere que le diga? Al menos ahora sabemos dónde han acabado nuestros derechos.

Chus

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