Educación feminista desde mi maternidad

Nikola Djukic

Escribo casualmente el primer domingo de Mayo para esta entrada sobre educación feminista desde mi maternidad

Desde que muchas tenemos uso de razón venimos celebrando este día como el “Día de la madre”, a pesar de que desde hace un tiempo se viene reivindicando que desaparezcan éste y el “Día del padre”, y se celebre el “Día de las familias”.

En este adaptarse a los tiempos, entendiéndolos y luchando por otro mundo posible, seguramente muchas de nosotras nos acordemos este día de nuestras madres y, si podemos, las llamemos y /o vayamos a verlas para comer o pasar un rato juntas porque sabemos que les va a hacer ilusión y las vamos a hacer felices. Esta sigue siendo mi realidad porque al final es una tradición familiar que va mucho más allá de mis ideas, y se trata de compartir sentimientos de cuidado y amor.

Para algunas, si nuestras madres ya no viven será un día en el que nos acordemos mucho más de ellas.  Para otras cuyas madres sí viven, pero su mente está ausente, se puede convertir en un día con mayor carga emocional. Como no acordarme de esas amigas que  recientemente han perdido a sus madres, y de las amigas cuyas madres apenas recuerdan que son sus hijas. Un abrazo enorme.

Y para otras, la relación con la madre no es buena y es algo que produce dolor, tristeza, frustración… En estos casos recomiendo fervientemente terapia porque es absolutamente liberador, y nos da muchísimas claves para situarnos a nosotras mismas. Igual te pasa como a mí que entiendes muchas cosas….. y además descubres que eres feminista gracias a tu madre.

En fin, sea como sea la figura materna es un referente en nuestras vidas, y en mi caso además como madre, consecuentemente, soy y seré un referente para mis hijos.

Me presento, soy una madre  feminista de 45 años con 2 hijos adolescentes de 13 y 15 años. Mis hijos han sido buscados y encontrados fácilmente; y llegaron siendo muy deseados y queridos. Es un tópico pero en mi caso el amor a mis hijos es el amor más especial que me ha pasado nunca, y que sin duda marca mi vida en muchos sentidos.

Hace poco comentaba que últimamente leo mucho sobre mujeres feministas que son madres de bebés y reflexionan sobre cómo vivir una maternidad feminista, sobre cómo adaptarse al nuevo estado de ser madre y no poner en conflicto sus ideas, si se puede ser madre y feminista……

Me resulta muy interesante leerlas, veo muy necesario que se escriba sobre esto y me hubiera venido genial cuando mis hijos eran pequeños.  Ahora echo en falta textos que hablen de mujeres que ya desde hace varios años somos madres, y llevamos más tiempo en esto de la crianza y la educación de unxs hijxs que van creciendo en esta nuestra sociedad machista y heteropatriarcal, en la que cada vez es más fácil hablar de feminismo….. y hasta está de moda…. pero siguen ocurriendo barbaridades como la violación múltiple de la manada entre otras tantísimas cosas.

Y claro, en este punto hay que hacer una diferencia entre tener hijos y tener hijas porque a estas alturas ya sabemos que la socialización por género nos marca, ¿verdad?. Y nos marca aunque nuestras madres sean feministas.

He facilitado talleres en centros educativos de primaria y secundaria sobre perspectiva de género, en los que en un par de sesiones he intentado hacer un “click” en esas cabecitas, para que sean más conscientes de todas las desigualdades que nos atraviesan, y puedan hacer por cambiarlas. Siempre digo que en pocas horas no se pueden hacer milagros pero se intenta, y algo llegará.

Pero cuando esos niños y niñas los tienes en casa porque eres su madre, el reto no es superar con éxito unas sesiones formativas, sino el desafío está en darles cada día una educación feminista e ir hablando mucho sobre todas las situaciones que experimentan con sus iguales: amigos y amigas en los colegios, institutos, en la calle…y con adultxs: con sus profes, madres y padres de amigos y amigas, tíos, tías, abuelos, abuelas… con la sociedad; e ir hablando sobre cosas que ven y escuchan en la TV, en las redes sociales…. en definitiva, todo lo que pasa en sus vidas y por sus vidas.

Dicen que la mejor educación se ofrece siendo tú el mejor ejemplo en tu caminar, en tu manera de ser y estar; y en esas me he inspirado yo hablando de la educación feminista de mis hijos. Es cierto que en mi caso de alguna manera mis gafas violetas se han hecho extensivas a mis hijos, que temporalmente dependen de mi mirada para situarse en este mundo.

Claro que yo reproduzco de manera automática comportamientos aprendidos por mi condición de niña y luego mujer, y es un no parar cuando hablamos de que la educación está en todo lo que hacemos y decimos, y en cada minuto de la vida de nuestros hijos e hijas. Educar es per se una tarea compleja y la educación feminista una responsabilidad añadida, pero con gusto.

Dar ejemplo funciona está claro, porque llega, y muchas veces me han sorprendido reflexiones compartidas con mis hijos sobre situaciones que han identificado desde sus lentes violetas. Y esto emociona, y mucho porque no es en balde mi apuesta.

En los niños y adolescentes se siguen reproduciendo comportamientos machistas y homófobos porque la hombría es algo que tiene que prevalecer, y cuidado con quien lo discuta. Y desde ahí mi pensar en una educación feminista que no interfiera en el proceso de socialización de mis hijos. A veces se trata de que cuando lleguen a casa se desahoguen con lo que han escuchado y que no han tenido el valor de rebatir en su grupo de amigxs.  En ocasiones poco a poco se van sintiendo con fuerza de opinar porque tienen más seguridad para defender su postura, y hasta dicen con orgullo que su madre es feminista.

Que entiendan y compartan que un no es no; que una mujer no es puta por tener una vida sexual intensa; que una mujer puede vestir como quiera sin por ello ser juzgada o mirada lascivamente o hasta llegar a ser violada; que ellos no tienen que defender a las chicas sino que lo que hay que conseguir es que los chicos no agredan a las chicas, ni piensen que pueden hacer con ellas lo que les dé la gana; que una mujer puede elegir libremente lo que quiere hacer en la vida sin estar condicionada; que los chicos también limpian los baños; que su padre también puede hacerles la cena y hasta ellos mismos; que su madre no es más culpable que su padre por trabajar más, estar más horas fuera de casa o salir con las amigas a disfrutar….

Por todo esto y por mucho más nuestros hijos e hijas se merecen una educación feminista que les va a hacer mejores personas, y van a contribuir a la construcción de una sociedad feminista, y por tanto una sociedad mejor.

Os escribo como una madre que soy, y desde mi visión particular, otras madres tendrán la suya. Igualmente el papel de los padres en una educación feminista es también fundamental pero eso lo dejo para los padres que quieran compartirlo. Deseando leeros.

InKieta

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