cita068 Gabriel García Márquez

No hay medicina que cure, lo que no cura la felicidad.

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Gabriel García Márquez
escritor, novelista, cuentista, guionista y periodista colombiano

Gabriel José de la Concordia García Márquez (Premio Nobel de Literatura en 1981), nació en 1927 en Arataca (Colombia) y fueron sus abuelos los encargados de criarlo y por ello él ha destacado posteriormente que, han sido las personas que más le influido en los temas tratados en sus obras. Aprendió a escribir a los cinco años, en el colegio Montessori, con la joven y bella profesora Rosa Elena Fergusson, de quien se enamoró (con 5 años). Le inculcó el gusto de ir a la escuela. Tiempo después estudió en un colegio de Barranquilla y el siguiente paso fue acudir a Bogotá para estudiar Derecho aunque nunca se graduó. Sus primeros cuentos y columnas periodísticas datan de esta época.

En 1954 García Márquez se integró en la redacción de El Espectador, donde se convirtió en un brillante cronista y reportero. Un año después, García Márquez ganó el primer premio en el concurso de la Asociación de Escritores y Artistas; publicó La hojarasca y un extenso reportaje, por entregas, Relato de un náufrago, el cual fue censurado por el régimen del general Gustavo Rojas Pinilla, por lo que las directivas de El Espectador decidieron que Gabriel García Márquez saliera del país rumbo a Ginebra. Es entonces cuando se inicia un periplo de 4 años por Europa donde vivió una larga temporada en París, y recorrió Polonia, Hungría, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia y la Unión Soviética.


A finales de 1957 fue vinculado a la revista Momento y viajó a Venezuela. En marzo de 1958, contrajo matrimonio en Barranquilla con Mercedes Barcha. En 1959 fue nombrado director de la recién creada agencia de noticias cubana Prensa Latina. En 1960 vivió seis meses en Cuba y al año siguiente fue trasladado a Nueva York, pero tuvo grandes problemas y finalmente renunció. Después de recorrer el sur de Estados Unidos se fue a vivir a México, lugar en el que ha pasado la mayor parte de su vida a partir de entonces. Se dedicó a escribir guiones de cine y durante dos años publicó en las revistas La Familia y Sucesos.


En 1967 apareció Cien años de soledad, novela cuyo universo es el tiempo cíclico, en el que suceden historias fantásticas: pestes de insomnio, diluvios, fertilidad desmedida, levitaciones… Es una gran metáfora en la que, a la vez que se narra la historia de las generaciones de los Buendía en el mundo mágico de Macondo, desde la fundación del pueblo hasta la completa extinción de la estirpe
.

Su biografía sigue, hasta hoy en día pero yo corto aquí. Si queréis saber su bibliografía, premios y el resto de su vida y más ampliada, en los siguientes enlaces podéis hacerlo:

He parado la biografía en el punto en el que escribió su novela más importante para comentar mi encuentro con la misma y continuar comentando la cita.

Resulta que en la década pasada, un profesor de Lengua del instituto durante el curso, una forma que utilizaba para evaluarnos era mandarnos leer un libro a nuestra elección, teniendo que decir tras la lectura de la misma, qué nos había gustado del y qué no.

Uno de los libros que elegí en su momento fue «Cien años de soledad» y el profesor me dijo que podría ser un tanto «pesado» para leer al aparecer diversas historias y protagonistas. En lugar de escribir un resumen, lo que hice fue dividir lo que me gustaba y lo que no en frases independientes aunque a veces, enlazaba unas con otras. Se me han olvidado la mayoría de detalles de la novela pero la recomiendo, merece la pena.

Gabriel García Márquez, no sé si lo sabíais, superó en su momento un cáncer linfático y eso aún refuerza más la cita de hoy (gracias por la aportación ;P). Refuerza la cita porque la medicina nos cura de distintas enfermedades, virus, etc. pero la felicidad o la búsqueda de la misma, creer en ella, nos da ese plus necesario para mantenernos aferrados a la vida, a querer sentir la felicidad que nos proporciona, más de lo que somos conscientes, el hecho de estar vivos.

No creo que sea necesario sentir la muerte cerca o tener problemas graves para planteárselo y, desde luego, no es un sentimiento que se da o no sin más (aunque a veces sí) y tenemos que esperar que llegue. De hecho, ciertas actitudes y formas de interpretar y afrontar lo que nos sucede en el día a día contribuyen a que nuestra amiga, Felicidad, haga acto de presencia más veces y más continuadamente. ¿Cómo? Supongo que cada cuál tendrá su camino para llegar a la misma pero, desde luego, no creo que deba ser un estado de ánimo a esperar, sino más bien un estado de ánimo que llega si nosotros nos dirigimos hacia el mismo y colaboramos despejando el camino.

Feliz semana 🙂

PD: os enlazo una lista con sus obras reseñadas y algunos cuentos suyos online para leer sin censura monetaria.

Juan Rico

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