«La señora Dalloway dijo que las flores las compraría ella.» Así empieza Mrs. Dalloway, novela escrita por Virginia Woolf y publicada en 1925, obra que vertebra la adaptación cinematográfica de Las horas, novela de Michael Cunningham. Posiblemente por esa razón las flores se encuentren presentes en el entorno de las tres protagonistas durante todo el…

Más inquietante, entonces, en sus implicaciones que en la ejecución técnica, la película enfrenta al espectador con la frialdad de un pistolero sin rostro practicando tiro al blanco en este estadio lleno hasta la bandera. Los persistentes picados y contrapicados, el uso de lentes de largo alcance (equivalentes a la mira telescópica del rifle) y el trabajo de la cámara subjetiva nos distancian inevitablemente de las viñetas humanas que se representan en las gradas. Flemática e impasible, la película retrata a la multitud individualmente como perdedores y colectivamente como transeúntes inocentes, en una lucha sin cuartel entre dos fuerzas siniestras, el asesino y los S.W.A.T.