Los Caníbales: lo grotesco en Álvaro do Carvalhal

Nicholas Stevenson
Vía Clube de História de Valpaços
Vía Clube de História de Valpaços

A pesar de haber muerto muy joven, Álvaro do Carvalhal representa una figura clave en romanticismo portugués. En vida sólo llegó a publicar O castigo da vingança (1862), por lo que Los Caníbales, cuento recogido en Contos (1868), es una obra póstuma. En el prólogo a la primera edición española, Fernando Iwasaki afirma que do Carvalhal utiliza en Los Caníbales el género de lo grotesco, una categoría estética que aglutina el humor y el horror.

La historia de Los Caníbales es sencilla: la doncella Margarida, perteneciente a una familia burguesa muy distinguida, ama al Vizconde de Aveloa, un señor mayor que ella, seductor pero con un pasado incierto. Para que exista algún obstáculo a este amor, tenemos a Don João, un joven atractivo que posee una enorme fortuna y que desea fervientemente a Margarida. La historia se centra en tres episodios: el baile donde se presentan los personajes, el día de bodas y la noche donde Margarida descubre el secreto del conde, y, finalmente, el día después de la boda donde se produce esa combinación de lo trágico y lo cómico.

Cada personaje cumple desde el primer momento su cometido. El vizconde de Aveloa representa la aristocracia decadente y pretende esposarse con la joven y virgen Margarida. Por su parte, ella representa la incipiente burguesía y ama con locura absurda al vizconde. Y en cuanto a Don João, éste sólo quiere consumar una victoria más con Margarida, pero tras su negativa, se siente herido en su orgullo. Así, tanto el vizconde, Margarida como Don João pretenden devorar a su oponente. Aquí tenemos una primera acepción del significado del título. Pero do Carvalhal escribe un relato grotesco, por lo que el canibalismo no sólo es simbólico, sino que también es real: el vizconde acaba siendo devorado.

Canibalización de la aristocracia

En lo referente al canibalismo simbólico, debemos tener en cuenta que durante el siglo XIX, Portugal se vio envuelta en una serie de revueltas políticas por el acceso al poder por parte de la burguesía y de conflictos por la sucesión al trono. Estas pugnas se apaciguaron en torno a 1834 cuando finalizó la Guerra civil portuguesa, conocidas también como las Guerras Liberales. Este conflicto fue una de las causas por las cuales el Romanticismo penetró un poco más tarde en tierras portuguesas.

En Historia de la Literatura portuguesa de José Luis Gavilanes y António Apolinário, se acepta como inicio del romanticismo portugués el poema Camões (1825) de Almeida Garrett. Ahora bien, lo cierto es que hasta la publicación de Amor de Perdiçao (1861) de Camilo Castelo Branco, no se puede afirmar que existiese un movimiento literario romántico en Portugal. A esta entrada tardía del romanticismo, debemos añadir la aparición de la Generación del 70 compuesta por Eça de Queirós, Antero de Quental y Oliveira Martins, entre otros, que se enfrentó contra el primer romanticismo, dando paso a lo que se ha denominado como realismo romántico.

Volviendo al canibalismo simbólico, se percibe claramente en el cuento de do Carvalhal esas pugnas entre las dos clases sociales privilegiadas. Aristocracia y burguesía se necesitaban mútuamente. La primera para no perder lo que tenía, la segunda para alcanzar lo que le faltaba. El vizconde y Margarida dependen el uno del otro, pero eso no significa que la unión esté exenta de prejuicios.

Tú me juzgaste por lo que parecía y, como ahora se puede apreciar, no por lo que era.

Efectivamente, la burguesía en su ascenso al poder político y, posteriormente, al poder cultural, deseaba esa apariencia aristócrata. De ahí que Margarida se embelese por el pasado del vizconde, por esa mezcla de fama y misterio que le acompaña. ¿Pero qué quiere el vizconde de ella? La juventud de Margarida —y de la burguesía— y la eternidad.

En este canibalismo simbólico podríamos ir un poco más allá. Teniendo en cuenta que Los Caníbales fue publicada en la segunda mitad del XIX, estamos ante una obra que se sitúa en el instersticio del primer romanticismo portugués y el realismo romántico antes mencionado. Así como ocurrió entre el realismo y naturalismo español, en Portugal sucedió que justo cuando el movimiento romántico comenzaba a extenderse apareció el realismo, con lo que surgió un género fronterizo. Lo que hallamos en Los Caníbales es una obra literaria que se integra en un momento artístico donde un movimiento engulle a otro sin piedad. Además, hay que añadir que do Carvalhal fue uno de los pocos escritores románticos que cultivó el género fantástico-grotesco.

Los caníbales

El vizconde de Aveleda es un ser fantástico y grotesco: mitad de carne y hueso y mitad de mármol blanco. Tiene además una estrecha vinculación con la figura del comendador del Don Juan. El vizconde toma a Margarida como ángel redentor, es decir, la necesita para expiar sus pecados. Sin embargo, esta expiación no se puede producir así sin más. Si así fuese estaríamos ante una tragedia, y no es eso lo que es Los Caníbales.

La pareja debe morir, pero no de una forma trágica y noble como un personaje shakesperiano, sino que debe fallecer de forma ridícula. Así Margarida se tira por la ventana y se destroza el cráneo con un banco. Mientras que el vizconde, precisamente por ser el personaje grotesco, debe morir primero y devorado después por el padre y los hermanos de su mujer.

— Nos lo hemos comido —replican los dos con voz gutural.
— Nos lo hemos comido —repite el venerable anciano.

Yo, aprovechando mis privilegios de narrador, me río entre bastidores.

Sobre lo grotesco

Humor y horror se perciben claramente en frases como ésta. Si el horror es presentado por los sucesos de la historia, el humor viene a cargo del narrador que interpela constantemente al lector. En cada capítulo, el narrador nos explica detalles importantes para la comprensión de la historia, pero también se toma algunas licencias sobre la personalidad de cada personaje o el lugar donde sucede. Por supuesto, do Carvalhal muestra sus preferencias literarias en las alusiones a Allan Poe y sus conocimientos de mitología clásica.

Sin embargo, esta excesiva omnipresencia del narrador rompe el relato, con lo que se aleja de los códigos del género. Ahora bien, a pesar de estas interpelaciones, el autor consigue mantener el misterio hasta el final. ¿Qué sucederá con el padre y los hermanos de Margarida ante tal desgracia? De nuevo do Carvalhal expone sus cartas: Los Caníbales no es un tragedia, es un relato grotesco y como tal debe finalizar. ¡Y qué mejor que acabar con una alabanza por parte del padre de Margarida de saberse los únicos herederos del vizconde de Aveloa!

Título: Los Caníbales
  • Autor/es: Álvaro do Carvalhal
  • Editorial: Ardicia
  • Nº de páginas: 89
  • Encuadernación: Tapa blanda

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Marina Hoyos

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