Cabos sueltos

Su enjuto cuerpo se escora a babor sobre un par de desvencijadas rodillas que apenas lo aguantan. Desde el espigón maldice ballenas, atunes y llama hijo de mil putas a un tritón que nadie más ve; escupe, pero como lo hace a contra viento le vuelve a la cara y al pasar la manga para limpiarse centrifuga con rabia babas y alguna lágrima. Tabita lo mira echa un ovillo sentada en el malecón. Quiere pensar que algún marinero estará rescatando de su red  las improntas de todos los momentos que pertenecieron a su abuelo, el viejo lobo de mar que ahora brama desorientado en la playa. No se cree lo que dicen los médicos y se repite de nuevo: si ya no sabe quién es porque en alguna tormenta se le cayeron por la borda todos los recuerdos. Y reza compungida para que ese buen pescador los traiga de vuelta;  para que no los deje allí de nuevo y los tire al mar.

Vía: Makotow
Juan Antonio Vázquez Alcayada

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