¿Bailamos?

Vía Pixabay

Es necesario, primero, encontrar el equilibrio propio. Mantenerse en el eje donde cuerpo y mente permanecen conectados. Concentrarse en cada movimiento y sentir cada paso. Cuando los dos alcanzan esa plenitud propia, entonces, se convierten en dos personas que giran en torno al mismo eje. Los pies flotan y las almas se evaporan para fundirse sobre sus cabezas y envolverles, durante un instante, en una nube de compenetración, coordinación y complicidad. Luego las almas se separan, en el momento en que la mano de él libera la cintura de ella y los pies vuelven a pisar el suelo. En ese tiempo que permanecieron conectados por la coreografía de sus vidas, uno sirvió de apoyo al otro, complementó sus movimientos e impidió que se saliera del eje. La vida es un baile.

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Aida Cima

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