—A la una, a las dos… —Tasio acariciaba nervioso la tecla de inicio—. ¡A las tres! —gritó pulsándola con decisión. Sentado a la mesa, Luciano, su padre, removía con una cucharita el café y miraba desconcertado la cocina del apartamento del joven aspirante a chef: una impresora, cubetas, montones de tarros etiquetados con nombres irreconocibles… —Esto parece un laboratorio —murmuró…