Puede que los simples mortales no merezcamos protagonizar tragedias y que dicho privilegio tan sólo se les reserve a dioses, semidioses y héroes. Sin embargo —y arriesgándome a ser improcedente—, creo que sería injusto reducir La Perla a un drama social. Bien es cierto que sus personajes son presentados como hombres y mujeres, sin características…

A menudo, nos lamentamos ante la superficialidad que suele dirigir nuestro día a día y utilizamos palabras como consumismo, capitalismo, frivolidad y prisa para eximirnos de cualquier responsabilidad al respecto. Sin embargo, no debemos olvidar que, aunque no pueda cambiarse ni una coma en el guión y los diálogos ya estén trazados, nosotros somos protagonistas…