“Sonata de primavera” es un ejercicio delicioso de estilo literario, donde se añaden la pintura y las citas paisajísticas y geográficas, como un revolucionario intento de trastocar moldes viejos y dotar de un toque artístico al hecho en sí de la escritura. De hecho, si ponemos atención, observamos la importancia de elementos que, a priori, podrían pasar inadvertidos. Es el caso de las ventanas, componente que participa en el escenario y en la acción, destacando el claroscuro de los arcos como fondo escénico. A veces, las utiliza como eslabón entre exterior e interior, entre lo accesible y lo inaccesible. Tristemente, también una de ellas marca el trágico final.

Todos nos hemos sentado, alguna vez, en corro o alrededor de una mesa a contar historias de fantasmas, sólo que éstas suelen repetirse en toda la geografía –con matices, eso sí-, como si un ejército bien entrenado de chicas demacradas y vestidas de blanco se hubieran dispersado para aparecer en curvas de carreteras estrechas, sin arcén, en noches oscuras. “Otra vuelta de tuerca” no es un relato más de aparecidos, pues su ambivalencia permite hacer una doble lectura. Esto es posible gracias a la voz narradora, que recae sobre la institutriz. El hecho de ser contado en primera persona, poco a poco, nos hace desconfiar de su testimonio ante la excepcionalidad de los acontecimientos. ¿Son sus dos pequeños discípulos las víctimas de fuerzas demoníacas, situadas en un limbo impreciso entre la vida y la muerte?, ¿es la institutriz quien percibe alucinaciones como parte de la realidad y pretende que el lector sea su aliado?, ¿puede el receptor estar seguro de algo cuando, capítulo tras capítulo, la situación se agrava?

“Relato de un Náufrago” (1970) fue publicada por Gabriel García Márquez como reportaje periodístico novelado, tras recogerse en el diario El Espectador de Bogotá, durante catorce días consecutivos en el año 1955. Al principio, el propio gobierno aplaudió el testimonio del joven Luis Alejandro en los medios de comunicación, hasta que quince años después éste decidió contar toda la verdad y no le quedó más remedio que abandonar la Marina; al mismo tiempo que García Márquez iniciaba su exilio en París, “un poco nostálgico que tanto parece también una balsa a la deriva».

Esta comedia en prosa dividida en tres actos cumple con las características del Neoclasicismo y en ella la acción se desarrolla en un solo lugar (una posada de Alcalá de Henares), coincidiendo con el tiempo de duración de la puesta en escena. Utiliza un lenguaje llano, cercano, para llegar a un mayor número de lectores; así, palabras como meriñaque, contradanza, boquirrubio y otros vocablos aparecen en sus diálogos. También tiene un afán didáctico, planteando una situación cotidiana y azuzando a la razón. La crítica social se mantiene de principio a fin, censurando la educación a la que se sometía a las jóvenes, el abuso de poder sobre ellas y, finalmente, haciendo que triunfe el sentimiento y la sensatez.