Así nace la primavera

Vía Pixabay

Me subí al vagón y me senté en el primer hueco que vi libre. No tenía batería en el móvil, así que no me quedó más remedio que echar una ojeada al tren para entretenerme durante las próximas siete paradas que tardaría en llegar a mi destino. Mi compañera de asiento iba inmersa en el último best-seller de turno. El chico que tenía enfrente no tendría más de 19 años y posiblemente viniese de soportar una dura y eterna jornada de estudiante, por eso estaba echando una cabezadita apoyado en el cristal abrazado a su mochila con chapas de grupos punk. A su lado, un señor mayor hojeaba el periódico gratuito que llevaba rodando por el tren desde por la mañana. Al otro lado del pasillo, estaba Laura con su padre y su hermano pequeño. En realidad, no sé si se llamaba Laura y tampoco si eran su padre y su hermano pequeño. Tenía cara de Laura y probablemente, unos siete años. Su pelo era negro, brillante y liso; su tez, morena; y sus ojos, oscuros y chispeantes. Se distraía mirando por la ventana. Su padre hablaba acaloradamente por teléfono. El pequeño no sé exactamente qué estaba haciendo porque se encontraba de espaldas a mí. Cuando papá colgó el teléfono, Laura quiso compartir algo con él:

-Papá, ¿sabes lo que nos ha dicho hoy la profe?

El padre asintió de manera distraída mientras observaba al niño que tenía enfrente. «Ring, ring». Otra vez el teléfono. Laura esperó impaciente para contar su historia. Entonces me miró y me regaló una sonrisa con un par de dientes de menos y yo se la devolví. Cuando su padre se despegó el aparato de la oreja, Laura insistió de nuevo:

-Pues nos dijo que las abejas se ensucian las patitas de polen…

-¡Estate quieto! Eso no se hace – alguna travesura debía estar haciendo el hermano pequeño de Laura.

-¡Papá, no me estás haciendo ni caso!

-Claro que te hago caso…

«Ring, ring». Y a Laura de repente, se le frunció el ceño.

Mi compañera de asiento cerró el libro y se levantó. Era su parada. Observé cómo se alejaba después de salir del tren. Entonces, sentí la presencia de un nuevo acompañante.

-¿Sabes lo que he aprendido hoy en el cole? – Y una sonrisa con dos dientes de menos me contó que las abejitas, van a las flores, se ensucian las patitas de polen y se van a otra flor. Y así nace la primavera.

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Aida Cima

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