Amanece con… Miguel Ángel Molina

Hoy viene a visitar nuestra metrópolis Miguel Ángel Molina López (Madrid, 1969). Es licenciado en química y se dedica a la enseñanza. Desde hace casi diez años escribe microrrelatos, con la peculiaridad de que siempre tienen 99 palabras. Durante este tiempo algunos de sus textos han aparecido en revistas literarias y en antologías colectivas como De antología, la logia del microrrelato (Talentura, 2013) o Historias de camiseta (Micrópolis, 2019). Algunos de sus microrrelatos fueron traducidos al francés y publicados en Lectures d’Espagne 2. Auteurs espagnols du XXI siècle (Calaméo, 2011). También en 2011 apareció su primer libro, En 99 palabras (Ed. Bubok); en 2016 salió el segundo, 99×99, microrrelatos a medida (Ed. Baile del Sol); y en abril de 2019 ha publicado el tercero, Diluvio personal (Ed. La Kermesse Heroica), que puede adquirirse en este enlace.

Miguel Ángel Molina ha tenido la amabilidad de compartir estos microrrelatos de su último libro con los lectores de Amanece Metrópolis:

EUTANASIA

El aroma a sal marina, el sol en la cara, los amigos, las risas, la pajita alargada con la que sorbe el mojito, el mar, las rocas puntiagudas, el sentirse vivo, el último salto, la zambullida inacabada, las ambulancias, el silencio que conduce a la muerte en vida.

El hedor a productos químicos, el fluorescente siempre encendido, la soledad, el llanto, la pajita alargada con la que se alimenta, el hospital, las paredes asépticas, el sentirse una cabeza viva en un cuerpo muerto, el último sorbo, las sacudidas liberadoras, las ambulancias, el silencio que por fin le permite descansar.

EN FAMILIA

Para vosotros

Nada más verme, mi abuela paterna me recuerda que soy su nieto favorito. La materna aparece con la tortilla de cinco huevos que siempre prepara cuando la visito, y mi abuelo saca el vino para que le llene el vaso hasta arriba. En la sobremesa mi otro abuelo quiere que juguemos al cinquillo, un tío mío se arranca con “Fandangos de cacería” y otro me pregunta si este año el Atleti será campeón. Escucho a otro familiar decirme zanganóóónnnn y despierto. Entonces me percato de que llevo un mes en el pueblo y aún no he visitado el cementerio.

DE CINE

Soportaría bodas y funerales si un día tormentoso consiguiera enamorarse como Hugh Grant y Andie MacDowell. Sin necesidad de desayunar con diamantes, olvidaría su alergia gatuna si entre el diluvio le besaran como Audrey Hepburn a George Peppard. Actuaría a lo John Wayne, como un hombre tranquilo, si una pelirroja como Maureen O’Hara, calada hasta los huesos, fuera suya en un cementerio; e incluso cantaría bajo la lluvia como Gene Kelly al ser correspondido por Debbie Reynolds. Pero siempre acaba llorando en un puente, nunca en Madison, soportando el aguacero como Clint Eastwood tras la espantada de Meryl Streep.

HISTORIA INEXPLICABLE

El posado vente de payo se produjo una percusión de trópico en el Pareo de la Antillana. A la altura del húmero pocho, tras un frenazo chusco, un conductor le medicó a otro un gasto ofensivo. “Me hizo una reineta y enrabietado rajé de mi testículo. Al acercarme a él me llamó alijo de fruta y carbón malparido; entonces metí la mona por la ventanilla para comerle del cuello”. El otro conductor le pagó un mordisco y le miccionó la falange de un pedo. Los postigos aseguran que el agresor se dio a la tortuga con un Hinault cojo.

Ana Fúster

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