¿Aló, Aló?

¿Alguna vez han recibido la llamada de algún amigo cuyas anécdotas, historias y el motivo en general del timbrazo, aparentemente no tienen ningún sentido; pero, aunque ustedes saben que les quiere decir algo, la propia inverosimilitud es lo que saca vuestras risas y de paso disimula la falta de entendimiento? Bueno, es lo mismo que sucede con la película La Llamada.

El filme español se ambienta en un campamento religioso, del cual dos chicas se escapan ocasionalmente para disfrutar de la vida fiestera, divertida y musical. Hasta que una de ellas experimenta una visión divina y comienza a cuestionarse su rumbo en la vida. Mientras lo hace,  dos monjas y su amiga también experimentarán ciertos cambios en la búsqueda de su propia meta.

Levanto el auricular y marco….

Es un filme cuyo sentido resulta confuso. Durante la observación, trataba de encausar el pensamiento y, quizás como pie forzado, intentaba comprenderlo todo mediante el filtro de ‘el cambio’. Primero, luego de la aparición del llamado ‘Dios’- en el que parece haberse torcido el concepto de Diva con el de Divino- María (Macarena García), una joven que le gusta salir de fiesta, ‘pillar’ y divertirse, experimenta una transformación – sí, solo con una visión de ese ‘Dios’ ya ella se cuestiona toda su vida-. Segundo, Bernarda (Gracia Olayo) llega nueva al campamento y está segura de que fue enviada para favorecer algún tipo de cambio –aunque lo único que se muestra variable constantemente es su actitud: de severa a ‘guay’ y viceversa, porque la canción ‘nueva’ con la que venía debajo del brazo era de 1984-. Tercero, Milagros (Belén Cuesta) no está segura de haber tomado la decisión correcta cuando asumió los hábitos y  quiere modificar su vida. Cuarto, Susana (Anna Castillo), la amiga de María que compartía el mismo estilo de vida fiestero, con unas palabras que le dijo María y ver a Milagros cantando, cambia hasta de orientación sexual.

Incluso a estas anotaciones para tratar de definir la lógica del film, se pudiera añadir una reflexión atrevida, y es el motivo por el que todos estos personajes interactúan y lo que los envuelve: la religión. ¿Los directores estarán proponiendo una visión aparatosa de la religión y si es así, por qué? ¿Creen que la religión necesita un cambio, que la manera de presentación de sus ministros necesita una transformación y por eso lo presentan con tanta extremidad que raya en lo ridículo para llamar la atención­?

Empieza a darme timbre….

Aunque el cambio parezca cómodo para responder ciertas preguntas y sugerir otras, quedan montones de cuestionamientos cuya presencia mancha cualquier razonamiento. Aunque es notable la frescura de las jóvenes y el comportamiento  lioso, por minutos cómico, de Milagros, lo cierto es que a los personajes les falta solidez. Independientemente de que no se domina por qué están ahí -si las chicas fueron obligadas a ir al campamento, si Milagros tomó los hábitos porque su carrera musical no dio resultado, simplemente no se sabe y los datos, que parecen hasta dichos por relleno, no ayudan en absoluto-, hay mucho manejo de las proyecciones desde la brusquedad. En este sentido,  María abandona la vida fiestera en un chasquido de dedos, mientras que Bernarda va y viene de la severidad como un columpio. Al menos para Susana y Milagros, el proceso de cambio no llega a ser tan agresivo a la percepción. Sin embargo, los motivos de transformación del cuarteto de actrices, están muy lejos de la credibilidad. Uno de los más incómodos es el de Milagros.

Ella era un personaje con potencial y lleno de matices. A pesar de su esfuerzo por ser severa y que las chicas le hicieran caso, siempre parecía una más, aunque por momentos lograba ser maternal. Su conducta caótica llegaba a ser poderosamente simpática, incluso hasta cómica, como la llamada al Vaticano. Dejaba claro que tenía fuertes dudas sobre su condición de monja, pero se mantuvo en la total inacción, hasta que Susana la besa y eso no solo constituye el empujón que necesitaba, sino que para colmo, la hace aceptar que también es lesbiana. ¿De dónde, cómo, por qué, se produce este último cambio? ¿Cuáles son sus justificantes durante la película? ¿Final feliz? Bueno, terminó manchando a un personaje que hasta ese momento, sino era perfecto, tenía mucho potencial.  

Sale la Contestadora….

Si la revelación tanto de Susana como de Milagros, me hizo poner las manos sobre la cabeza –sobre todo la de Susana-, la falsa reverencia a la cultura latina, terminó de tirarme de la silla. El uso de clichés dados en las clases de salsa, la obsoleta etiqueta de ‘el tercer mundo’,  el cantante ‘latino’ competía en escenas con las protagonistas de la película durante las secuencias del concierto y, en un panorama como el que se dibuja, incluso la participación de la actriz María Isabel Díaz –artista de origen cubano- como la cocinera que al final se queda con un hombre español, podría añadirse a esta lista, y para rematar, el grupo de las chicas se llama SUMA Latina. Sí, es una suma, pero de estereotipos.  

En mitad de este culto vacío, se encuentra la música de Whitney Houston. Ocupa un papel importante en la película dado que supuestamente es el mensaje que Dios le trae a María –no se sabe para qué: si para que se vaya con él, o para que se enamore de él, o para que sea monja, o para repetir el pasaje bíblico de que en María se haga la voluntad del Señor, simplemente otro de los ‘misterios del filme’-. ¿Pero por qué Houston? ¿Es otro pastiche que habría que sumar a la lista anterior – “la negra esa que cantaba y que se murió”, decían en la película-? ¿O porque remata el ambiente de Diva que le querían dar a Dios? ¿O porque necesitaban un mensaje de amor alto, fuerte y claro para que convenciera, apasionara y de paso, recordara a Houston? Realmente no sé cuál de las respuestas, me mataría menos del disgusto.

Lo cierto es que si “la música hace milagros”, definitivamente no se lo hizo a este filme. Tiene demasiadas oscuridades, que asesinan la poca luz que pueda haber en la frescura y en la comicidad. Cuando se suman todas esas irregularidades, parece hasta increíble la posibilidad de su existencia. Sin embargo, la suma de extravagancias – “Contra todo pronóstico, yo, Susana Romero,  soy bollera, me he enamorado de una monja y mi mejor amiga se ha enamorado de Dios (…)”- solo puede estar llamada a la risa o al subterfugio. Y aunque parezca lo primero, la posibilidad de que muchos elementos no estén dados a la gratuidad podría ser barajeada. En este sentido, se podría incluso ver reflejados al dúo de directores, en la pareja de amigas y al single “Lo hacemos y ya vemos”, en la propia esencia de la película. En las declaraciones de Susana casi al final del filme, se puede entender esta similitud temeraria: “(…) nosotras lo hacemos, lo intentamos y si sale mal, a otra cosa, pero lo has intentado.” La representación del llamado single en el número musical final durante la película igualmente lo refleja: una actuación considerablemente escandalosa, estereotipada en buena medida, pero cumple la función de transmitir un mensaje o al menos de llamar la atención. Ese nivel de semejanza no puede ser casualidad.

Cuelgo

En La Llamada nada pasa desapercibido a la percepción de los receptores, ya sea por extravagante o inverosímil. La risa es inevitable, sobre todo por la espontaneidad de Susana y Milagros, pero hay niveles de simbolismo que se hacen perceptibles. Entre carcajada y carcajada, se insertan elementos cuya conexión no resulta suficiente como para sustentar un hilo conductor sin lagunas o para responder todas las preguntas, sin embargo, sí que logran establecer puntos de lógica o al menos de trasmisión de sentido más profundos que la simple risa provocada desde lo caótico.

Título: La llamada- Fecha de estreno España: 29/09/2017 – Duración:1h 48min – Género: Comedia musical – Dirección: Javier Ambrossi, Javier Calvo, Los Javis – Guion: Javier Ambrossi, Javier Calvo, Los Javis – Música: Leiva Fotografía: Miguel Ángel Amoedo -Reparto Macarena GarcíaAnna CastilloBelén Cuesta

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