Al otro lado de la ultraderecha

Fascism or open society choices on black board written with chalk.
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Al otro lado de la ultraderecha, ¿qué se encuentra? ¿la ultraizquierda? Al otro lado de la ultraderecha estamos por cuidarnos de forma solidaria, cuidar del planeta, y de la vida.

Andalucía

Hoy, 4 de diciembre de 2018, es el segundo día de resaca tras las elecciones andaluzas. Es la resaca tras la reaparición parlamentaria de la ultraderecha en nuestra democracia. En Europa nos miraban con envidia, «en España al menos no hay un partido de ultraderecha». Coincidían en ese reconocimiento desde la izquierda hasta la derecha liberal. Hoy nos europeizamos y tenemos nuestra propia criatura monstruosa que alimentar.

El PSOE se ha dado un batacazo -aunque ha sido el partido más votado en general y en todas las provincias menos una-. Adelante Andalucía, la coalición entre Podemos e IU, no ha sacado a su gente de casa. El PP ha tenido el peor resultado histórico en Andalucía. Y hay dos claros triunfadores en un mar de perdición, Ciudadanos y Vox.

Con la irrupción de Vox en Andalucía la ultraderecha recibe el apoyo de más de 300.000 personas que supondrán 12 diputados. Una representación que según su programa va a trabajar por disolver la autonomía andaluza, fuertes regresiones en materia de derechos civiles, y una política muy marcada por el carácter xenófobo y racista.

Por otra parte tenemos a Ciudadanos, un partido autodenominado de centro que sabe mucho a derecha, pero que tiene un problema en Europa. Pertenece al consorcio de partidos liberales, que ya han advertido de «ojo a la ultraderecha». Sus hermanos europeos no van a ver con buena cara que uno de los suyos sea determinante en una opción en convivencia con la ultraderecha. Sus amigos europeos no van a ver bien que apoye al candidato del PP en un consorcio con Vox. Tampoco verán bien que se ostente la presidencia del territorio de mayor envergadura de España con la cooperación necesaria de los fascistas.

Encapsular a la ultraderecha

Ciudadanos y el resto, tenemos la obligación de encapsular a la ultraderecha para reenviarla al nicho del que salió. Eso pasa por ser flexibles y generosos en lo institucional, y cambiar de estrategia comunicativa después. Bajo mi punto de vista, rendirse a una investidura de Ciudadanos, facilitada por la izquierda (A favor PSOE y la abstención de Adelante Andalucía), aislaría y evitaría que la ultraderecha tuviera el protagonismo que necesita.

Toca prepararse para afrontar próximos compromisos electorales. No creo que debamos permitir ser nosotras las que impulsemos a Vox. Por eso tras el encapsulamiento institucional, toca afrontar las campañas sin azuzar al miedo para no hacerles “de gratis” la campaña.

Miedo

Pienso en Albert Ribera. El personaje que partía, según él, del centroizquierda, desde el antinacionalismo, y que ha ocupado al final una derecha de lo más “decimonónica” y nacionalista. Un personaje al que no le tiembla la voz a la hora de etiquetar a Podemos como ultraizquierda, pero que no se atreve a denominar a Vox como ultraderecha -lógico si al final se encarna como su aliado natural-. Es la hora de abandonar por su parte el  “extremo centro” -extremadamente de derechas-. Debe dejar de ampliar el segmento a la derecha de vox, y de acortarlo a la izquierda de Podemos y otras fuerzas del cambio.

Pero también pienso en Unidos Podemos y la bandera antifascista. No han soltado ningún mensaje ajeno a meter miedo respecto a la ultraderecha. El miedo siempre nos viene mal, cuando se aventa miedo hacia la izquierda la izquierda baja, pero cuando se aventa miedo contra la ultraderecha, la ultraderecha crece. ¡Veámoslo ya!

¿Qué pasó con Venezuela? Fue un recurso, un recurso -permítanme- tan necio como absurdo, pero muy efectivo. No vamos a entrar en lo inconsistente de la asociación Venezuela-fuerzas políticas españolas del cambio. La asociación nació, creció, y funcionó, apagando el conato transformador que parecía lanzado. Ahora Venezuela pierde fuelle, y nace la “ultraizquierda”, y ese miedo ha engordado a la ultraderecha.

La ultraizquierda

Es ahí, en la “ultraizquierda” donde nos colocan a quienes nos oponemos radicalmente a los postulados de una ultraderecha. No me duele, ser ultraizquierda por hacer frente a la xenofobia, al racismo, a la homofobia, al machismo, a la insolidaridad o al individualismo. No me duele que me etiqueten por estar frente al egoísmo, al nacionalismo, al fascismo, y al capitalismo salvaje y su depredación del territorio.  Llámenme de ultraizquierda por esto que yo mismo me colgaré la etiqueta.

Lo que duele y hay que desmontar son dos falacias. Una la de «los extremos se tocan». Como si esto de la ideología fuera circular en lugar de lineal. Otro el de que el “extremo centro” en su equidistancia es “el bien”:

La ideología no pertenece a un sistema circular

Lo opuesto a la ultraderecha puede llamarse ultraizquierda, si quieren, pero ignoro dónde se tocan. En este Universo se repite el sistema circular en casi todo, incluso en el desarrollo de la vida. Pero hay excepciones, y una puede ser la ideología. Pongamos un ejemplo gráfico:

Supongamos una persona taurina, cazadora, pescadora, carnívora de vicio… Una persona que le pone veneno a los gatos porque orinan en su jardín. Alguien que tala los árboles que sombrean su piscina, y pone cepos a los pájaros para que no defequen en su coche. Sí, ya lo sé, no existen monstruos así, (juas-juas). Y por otra parte tenemos a una persona que no consume nada proveniente de animales, ni alimento, ni calzado, ni siquiera se compra el coche con volante de cuero; nada -los llamados veganos-. Me dirán ustedes en qué lugar se tocan.

En cuanto al respeto o no respeto a la vida, que es lo fundamental de estos dos individuos, lo más significativo de su existencia, es que se hallan en extremos opuestos y bastante distantes. Desde el punto de vista moral y ético la equidistancia entre estos dos puntos es ser… ¿medio salvaje? No, no digo que no se pueda usted comer un chuletón sin ser salvaje, pero eso, si me lo permite, lo tratamos otro día. Hablemos ahora de la equidistancia.

La equidistancia

Desde el centro hacia los lados, desde donde teóricamente están situados los que etiquetan a los extremos. Tomando el ejemplo anterior habría quienes ponen en ese círculo imaginario-ideológico que manejan, al vegano junto al depredador. Y aunque alarman con los supuestos peligros del vegano, en realidad lo que sucede es que toleran bastante bien al depredador.

Pues cuidado amigas y amigos. La equidistancia entre el “a todo gas” de la ultraderecha, y quienes queremos apagar el incendio del nuevo fascismo, es cocerse a fuego lento. Es obligarnos a todas a cocernos a fuego lento.

Por eso no es momento de equidistancias. Es momento de estar en un lado, o en el otro. Yo lo tengo claro.

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