Actualidad de Sherwood Anderson: “Winesburg, Ohio”

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Observar la vida cotidiana puede convertirse, no ya en una actividad interesante, sino dar lugar a uno de los mejores textos de la historia literaria de Norteamérica. Sherwood Anderson es un autor anómalo, una de esas rara avis que aparecen en literatura, cada mucho tiempo. Autor a la vez más progresista y más reaccionario que sus contemporáneos, se atreve a llegar a los hechos básicos acerca del ser humano, y Winesburg, Ohio es su obra magna, explorando en profundidad las emociones humanas y las reacciones, yendo quizás más allá que casi cualquier otro escritor de su época. Como pintor y poeta en prosa, se da en aprovechar la importancia de ciertos momentos significativos de la aburrida y monótona vida de un pueblecito. Winesburg, Ohio es una especie de novela arreglada en torno a veintidós cuentos cortos relacionados, retrato de un buen número de personajes de la América más provinciana. Y lo que realmente hace este trabajo distinto es que, durante este tiempo de nostalgias, Anderson pintará un cuadro muy diferente de la sempiterna ciudad americana, acerca de la lucha individual en su batalla contra la soledad y el aislamiento.

En ese sentido, Anderson toma este ideal tan americano y lo expone como sólo un escritor de la posterior generación perdida podría: con un ojo puesto en la pedregosa realidad que define la era. El mundo giraba muy rápido y con él, aumentaba el sentido de impotencia y pérdida ante los cambios provocados por la industrialización y la Primera Gran Guerra. Winesburg, Ohio contiene más sentimiento de aleación que los de cualquier otro “grave” escritor modernista. Más de alguno de ellos ha caído en la trampa de sus predecesores puritanos: negar el presente que escapa a un mundo ficticio y que no se deriva de la realidad. Pero la lente de Anderson era de una perspicacia muy específica, única en este concepto del heartland. Lo que decidió hacer era enfocar esta lente de escritura, por primera vez, en la América media. Debemos considerar a Winesburg, Ohio como la novela esencial del modernismo norteamericano por varios motivos. En primer lugar, Anderson hizo algo interesante con la forma: más que escribir una novela fluida, escribió veintidós cuentos unidos en ajuste, caracteres, simbolismo y, hasta cierto punto, humor. Cada historia concierne a un personaje diferente de Winesburg (de hecho, hay más de una centena en todo el libro), estando, eso sí, relacionado, de algún modo, el protagonista de la obra entera, George Willard.

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Estamos ante una colección de cuentos, unidos por el nexo que supone el tropos en el que desarrolla, y que termina formando una novela. Una suerte de trabajo experimental, debido a sus múltiples opciones de lenguaje y focalización. Anderson escribió, más que una trama general, una sucesión de ejercicios de diáfana prosa con un foco puesto en la perspicacia de cada personaje. De camino, además, revela la infelicidad subyacente en sus personajes, así como el modo en que están relacionados con sus ambientes. Sherwood Anderson es un escritor naturalista y por tanto, Winesburg, Ohio, escrito entre 1915 y 1916, y publicado en 1919, es uno de esos trabajos que ilustra, casi como la mejor de las crónicas, el cambio en la perspectiva del habitante rural a la vida de la ciudad, de la mentalidad de antes de la guerra, a la de posguerra, del suave idealismo a la realidad más arenosa.

El propio Anderson trata de elaborar una explicación a la imaginación y la escritura creativa: “por alguna razón que nunca he entendido con exactitud, la imaginación debe ser alimentada constantemente o debe dejarse morir de inanición. Si uno se separa demasiado de la vida, puede, en ocasiones, convertirse en un poeta lírico, pero no se es artista. Algo se seca dentro, tiene sed y hambre […] la imaginación, en la naturaleza, constantemente debe alimentarse para que la vida imaginativa tenga alguna significación” [extraído y traducido de CHASE, Cleveland. 1927. “Sherwood Anderson”, en The Saturday Review of Literature, IV (9), pp. 129-130].

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Anderson hace mutar constantemente la ironía que contiene, por ejemplo, Spoon River de Edgar Lee Masters, una especie de precursor literario. Un periodista dirige su curiosidad principal hacia elementos de la vida fuera de la cotidianidad y Anderson nos ofrece la ocasión de explorar la moral interior y la espiritualidad de los hombres y mujeres, alzados todos ellos en mártires: “todos, en el mundo, son Cristo y son crucificados” (ANDERSON, Sherwood. 1979. Winesburg, Ohio. New York: Penguin, p. 57). Mártires que, externamente, parecen recorrer senderos bastante estrictos. Si la vida de la tribu es aventurera, parece decir el autor, resta el individuo que, tal vez más debido al rígido decoro impuesto sobre él, puede aventurarse con deseos secretos a través del espacio sin senderos. Solamente la presión de muchas inhibiciones puede distorsionar los espíritus humanos hasta formas grotescas: “es la verdad la que ha hecho a la gente grotesca” (p. 24).

Se ha escrito así, no la novela pesimista de la que fue acusado su autor, sino la gran novela del amor. No hay muros que dividan a los humanos. Todos están cerca en Winesburg, Ohio.

Título: Winesburg, Ohio
  • Autor/es: Sherwood Anderson
  • Editorial: Acantilado
  • Nº de páginas: 256
  • Encuadernación: Rústica cosida
Daniel Arana

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