Madrid, como las grandes ciudades, es una ciudad infinita, inagotable. Da igual las veces que recorras la Carrera de San Jerónimo hacia Sol, siempre es diferente: la compañía, la estación, los caminantes, las luces. Habitar multitudes tiene una ventaja para el viajero curioso: se puede camuflar entre las tribus urbanas, investigar las modas, bailar un…