140 años y el pensamiento macroeconómico no ha cambiado

Es fascinante ver y escuchar los debates económicos en los que acaban enfrascados los comúnmente llamados “tertulianos” en la gran mayoría de los canales de este país. Es fascinante ya que, los debates económicos sobre la larga recesión de la década de 1870 son casi idénticos a los que se producen durante la gran recesión actual. Quizá deberíamos esperar un mayor progreso en el pensamiento macroeconómico en estos 140 años, más si cabe teniendo en cuenta las sucesivas crisis que han acontecido a lo largo de todos esos años.

Esta es la conclusión que podemos sacar tras haber leído Progreso y Pobreza, una investigación sobre las causas de las depresiones industriales y del aumento de la miseria acompañado con el aumento de la riqueza, publicado por Henry George en 1879.

En este libro, Henry George, describe el caos absoluto de la élite económica de la época y explica cómo había surgido la depresión, y dónde buscar un remedio a la misma.

Los grandes misterios del pensamiento macroeconómico
Los grandes misterios de la macroeconomía
Viñeta de Vergara

En un extracto del libro se puede leer lo siguiente:

Esto se demuestra por los intentos ampliamente variables para explicar la depresión reinante. Ellos no muestran más que una divergencia entre las nociones vulgares y teorías científicas, pero también muestran que la concurrencia que debe existir entre los que confiesan las mismas teorías generales rompe sobre cuestiones prácticas en una anarquía de opinión.

La alta autoridad económica nos ha dicho que la depresión reinante se debe a un exceso de consumo, al igual que se debe a un exceso de producción, mientras que, los residuos de la guerra, la extensión de los ferrocarriles, los intentos de los trabajadores para mantener al día los salarios, la desmonetización de la plata, las emisiones de papel moneda, el aumento de la maquinaria que ahorra trabajo, la apertura de caminos más cortos para el comercio, etc , etc, están por separado señalados como la causa por escritores de renombre.

Los equivalentes modernos a estas causas que explican nuestra actual recesión son:

   Excusas de 1870                    Excusas del 2010

   Consumo excesivo                →  Deuda excesiva de los hogares

   Sobreproducción                 →  Exceso de construcción de viviendas

   Desechos de guerra              →  Residuos o regulación gubernamental

   Altos salarios                  →  Altos salarios

   Degradación de la moneda        →  Degradación de la moneda

   Maquinaria que ahorra trabajo   →  Robots

Henry George criticó a los escritores de libros de texto comunes por no ser específicos en sus definiciones, lo cual, causó mucha confusión al aplicar el razonamiento económico a los problemas del día a día.

La palabra “riqueza” se aplica a cualquier cosa que tenga un valor de cambio. Pero, cuando se usa como un término de la economía política, debe limitarse a un significado mucho más definido porque , muchas cosas sobre las que se habla habitualmente de la riqueza, al tener en cuenta la riqueza colectiva o general no puede ser considerada como la riqueza en absoluto.

El siguiente fragmento de la obra muestra que Henry George era de la firme posición de que la inversión extranjera no es más que una transferencia y no se puede considerar como creación de riqueza, cosa que se está insistiendo mucho en la actualidad “atraer capital extranjero”

Aumento de la cantidad de bonos, hipotecas, notas o billetes de banco no pueden aumentar la riqueza de la comunidad, que incluye tanto a los que prometen pagar como a los que tienen derecho a recibir.

La esclavitud de una parte de ellos no puede aumentar la riqueza de un pueblo, por lo que los esclavistas ganarán y los esclavizados perderán. El incremento del valor de la tierra no representa aumento de la riqueza común, por lo que los propietarios de la tierra obtienen por ella precios más altos y, los arrendatarios o compradores, que deben pagar, van a perder.

Y toda esta riqueza relativa, la cual, en el pensamiento y el habla común, en la legislación y la ley, es indistinguible de la riqueza real, podría, sin la destrucción o consumo de algo más que unas gotas de tinta y una hoja de papel, ser aniquilado por completo.

La promulgación de las deudas soberanas de poder político podría ser cancelado, los esclavos emancipados y la tierra ser un bien común de todo el pueblo, sin que la riqueza agregada disminuya por el valor de una pizca de tabaco, por lo que algunos perderían y otros ganarían.

No habría más destrucción de la riqueza que la que había cuando Elizabeth Tudor enriquecía a sus cortesanos preferidos con la concesión de monopolios, o cuando Boris Godoonof hizo a campesinos rusos propietarios comerciales.

Todas las cosas que tienen un valor de cambio, por lo tanto, no la riqueza en el único sentido en que el término se puede utilizar en la economía política.

Sólo esas cosas pueden ser riqueza, lo que aumenta la producción y lo que destruye aquello que hace disminuir el total de la riqueza. Si tenemos en cuenta lo que son estas cosas, y lo que su naturaleza es, no tendremos ninguna dificultad en la definición de la riqueza.

Tras conocer las teorías de este autor, teorías de hace 140 años, tal vez es hora de seguir su ejemplo y buscar fuera de la teoría económica estéril para resolver los problemas de una inestabilidad macroeconómica que tanto nos afecta.

Aritz Calvo

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